Gambito de Dama de Scott Frank. Crítica.

Se estrenó en Netflix la miniserie basada en el libro The Queen´s Gambit de Walter Tevis protagonizada por la actriz «argentina» Anya Taylor-Joy.

El mundo del ajedrez reflejada en la nueva serie de Netflix, Gambito de Dama.

De la nueva generación de actrices, pocas esconden el magnetismo de Anya Taylor-Joy. Nacida en 1996, en Miami, Florida, ya desde su primer protagónico como Thomasin en la fantástica The Witch (2015) se apreciaba algo cautivador en ella. Su extraño rostro, esas miradas profundas y penetrantes, sus gestos, todo dentro del aura de misterio que escondía su personaje en la siniestra película de Robert Eggers. La confirmación llegó en Split, el film de terror psicológico de uno de los maestros del género, M. Night Shyamalan. Esta vez encarnando a una joven rebelde, víctima del secuestro de un psicópata con múltiples personalidades, encarnado por James McAvoy. cuyo éxito demostró que aquel primer papel no fue casualidad.

Con solo 20 años la actriz brillaba por si misma, luego del éxito pudimos tener el placer de escuchar una entrevista donde se la escuchaba hablar un perfecto castellano y nos enteramos que vivió hasta los seis años en Argentina, lo que significó un doble orgullo para el regodeo de aquellos que inflan el pecho nacionalista cuando representantes de nuestro país triunfan en el exterior (aunque haya nacido en otro lugar, el hecho de pasar la infancia acá hace que la sintamos argentina).

Siempre fue muy selectiva con sus papeles, volcándose a papeles más relacionados con proyectos de cine independiente. Así la vimos en otras buenas producciones de bajo presupuesto como Thoroughbreds de Cory Finley y El Secreto de Marrowbone, pequeñas joyas desconocidas para el público masivo que vale la pena ver. Su interpretación como adolescente conflictiva le valió ser tenida en cuenta para la esperada película de Marvel, The New Mutants la cual se iba estrenar este año en Argentina pero fue postergada a raíz de la pandemia. Y como si fuera poco, también se puso en la piel de Emma Woodhous, en el drama de época Emma, basada en la novela de Jane Austen.

¿Porque hablamos tanto de ella y no de Gambito de Dama?. Una simple razón; «es el alma de la serie». La «actriz argentina» (si, nos vamos a expropiar de ella) compone a Beth Harmon, una joven y prodigia ajedrecista, metida en un universo dominado por los hombres. La serie comienza en 1967, en París, vemos a nuestra protagonista vestida dentro de una bañera llena de agua. El llamado a la puerta del hotel la sobresalta y corre apurada por lobby del hotel para encontrarse con un sinfín de fotógrafos que la esperan para una partida de ajedrez contra un hombre de gesto inmutable, a quien le pide disculpas. La sala llena de hombres expectantes es un presagio de lo que está por venir, los contrincantes se cruzan miradas, ella nerviosa y a partir de ahí nos vamos a 1957, cuando Beth sobrevive a un accidente automovilístico pero su madre no corre la misma suerte y es trasladada a un orfanato, ya que su padre desapareció hace tiempo.

A partir de ahí comenzará el camino de Beth hacia una llamativa pasión/obsesión por el ajedrez. Más inteligente que la media de sus compañeras de orfanato, termina su tarea antes que todas y en un recorrido por el sótano conoce el juego cuando lo ve al Sr. Shaibel (Bill Camp), el encargado de mantenimiento del edificio, practicando en soledad. Al instante, algo sucede en ella que comienza a despertar curiosidad por el juego. Reacio al principio, Shaibel accede a enseñarle el juego pero a medida que más incorpora conocimientos la niña se da cuenta que tiene un don especial el cual se irá potenciando a medida que avance la práctica.

Pero había un problema porque como dice su madre adoptiva más adelante: «la gente como ella la pasa mal, está el don y el precio que tiene que pagar». Será una adicción a los tranquilizantes que son suministrados por la gente del orfanato. Jolene (Moises Igram), una conflictiva adolescente afroamericana de la cual se hace íntima amiga, le aconseja que guarde las pastillas para la noche para aprovechar mejor el efecto, pero que ayuda a ella a potenciar su concentración para configurar en su imaginación un tablero que le posibilite desarrollar diferentes tácticas de ajedrez.

Lo primeros dos capítulos funcionan como presentación de la protagonista. Muestran su conexión con el juego, sus obsesiones y su excesiva confianza que la lleva a pensar que es invencible. Al ser adoptada por una pareja de Kentucky, la Sra. Alma (Marielle Heller) y el Sr. Alliston Wheatley (Patrick Kennedy) comenzará a participar en torneos de la secundaria. En el primero que se anota (con algunos experimentados jugadores) logra vencer ante un joven considerado maestro, Harry Beltik (el prometedor Harry Melling). El triunfo potencia su confianza pero también la lleva a ser mirada con otros ojos. ¿Quién es esa mujer de solo 16 años, sin experiencia previa que irrumpe en un universo dominado por los hombres y patea el tablero?

El alejamiento de su padre adoptivo, obliga a madre e hija a sobrevivir como pueden. La Sra Alma bajo una depresión que deriva en un excesivo consumo de alcohol y vivir encerrada en su casa. Pero el talento de Beth y la posibilidad de un ingreso monetario extra hace asomar una salida a la crisis. Así se forjará una relación entrañable entre ambas, pero con roles invertidos, donde quien llevará las riendas será Beth, adoptando a Alma como su madre y representante. La acompañará a los torneos y será el salvoconducto para sus primeras derrotas en un torneo en Las Vegas frente a un excéntrico y carismático Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster) y en México ante Borgov (Marcin Doroncinski), el campeón de mundo, su objetivo final.

La serie se mete de lleno en el mundo del ajedrez. Como dice Beth: «Es todo un mundo en 64 casillas, es el lugar donde se siente segura. Un mundo predecible donde puedo controlar todo y si se lastima no tiene la culpa». Pero fuera del juego aparece un mundo que no puede predecir, y eso la lleva a la soledad, a las adicciones. Su primer objeto de deseo es Townes (Jacob Fortune-Lloyd), a quien conoce en el primer torneo y derrota. Pero esa relación no será como pretenda y sus inseguridades aparecerán. En el medio de todo estará la historia de una madre con problemas mentaales y el recuerdo de lo sucedido en el trágico accidente, que se develará a medida que la historia avance.

Anya Taylor-Joy despliega todo el repertorio de gestos, miradas y silencios en cada una de las contiendas ajedrecísticas. El espectador respirará la tensión, el nerviosismo, más allá de no saber sobre ajedrez y los movimientos que se realizan. Cada uno de los juegos tienen un clima asfixiante y de angustia, que se ve potenciado gracias a la caracterización de ella y de la construcción previa que tiene cada uno de los rivales a los que enfrenta.

Desde el plano técnico, la estética visual es impecable, cada plano está elaborado de manera precisa y de una calidad increíble. Un balance perfecto entre el arte y la post producción que no suele verse tanto en series. El juego con los colores del fondo en combinación con el vestuario de la protagonista es notable, haciendo foco en colores puros, que parece salidos de una película de Wes Anderson, sobre todo el capítulo en México, donde se mezclan con una edición ideal para manejar el suspenso en cada uno de los torneos. De manera muy original en el torneo de Estados Unidos del capítulo cinco, donde tendrá su revancha contra Bernie Watts, su archirival, cortando la pantalla en diferentes recuadros jugando con el tablero de ajedrez como sí fuesen pequeñas pantallas, así como en la batalla final en la Unión Soviética contra Borgov, con un manejo del suspenso increíble.

Lo mismo sucede con la música, compuesta por Carlos Rafael Rivera, quien ya trabajó con el director en la serie Godless. Pero que además incluye temas de músicos de la época como The Vogues, Bill Crompton, The Monkeys, Nancy Wilson, The Kinks, etc. Hasta algunos momentos de baile de Anya al ritmo de Fever de Peggy Lee y Venus de Shocking Blue. Un soundtrack exquisito a tono con la serie y con el momento donde se desarrolla la historia.

Gambito de Dama (O The Queen´s Gambit como le guste más) aborda diferentes temáticas: las dificultades de inserción de la mujer en espectros dominados por el hombre, la drogadicción infantil y sus consecuencias, el alcoholismo y las obsesiones. Es crítica con el individualismo yankee («los rusos nos ganan por que trabajan en equipo, los norteamericanos somos individualistas» reflexiona Bernie), haciendo espejo en la soledad de Beth y en sus dificultades para pedir ayuda. A pesar de ser un juego denso y silencioso es dinámica, gracias a su ágil narrativa, donde el magnetismo de su protagonista juega un rol clave para mantenernos aferrados a la pantalla hasta el último capítulo.

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