Opinión: Don´t Look Up o cómo ir en busca del aplauso fácil

La última película de Adam McKay intenta hacer pasar por humor lo que en realidad es un ejercicio de onanismo por parte del director.

Un meteorito chocará contra nuestro planeta en seis meses y lo destruirá. Un par de científicos intentan denodadamente dar alerta sobre el trágico destino al que se enfrenta la humanidad, pero se encuentran con medios de comunicación, políticos y CEOS ineptos y muy ocupados en sus propios negocios como para tomarse en serio la tragedia que se avecina. Bajo ese escenario se desarrolla Don´t Look Up, la nueva película de Adam McKay que da forma a su trilogía particular de sátira social, tras las oscarizadas The Big Short y Vice.

Todos los elementos que McKay construyó como seña de identidad propia en sus dos más recientes films a la hora satirizar las esferas de poder de las sociedades burguesas aquí están exacerbados, y ese es precisamente el primer problema. A pesar de ir un paso más allá respecto al tono humorístico de sus dos antecesoras, la película no se anima a no tomarse en serio a sí misma, no es lo suficientemente valiente para hacer de las situaciones absurdas el motor de la historia, sino que se esfuerza constantemente en dejar en claro de forma burda cuál es el lado bueno y cuál es el lado malo, como si se tratara de una clase para estudiantes de primaria que necesitan aprender el bien y el mal. El resultado directo de esa situación es que lo que fue gracioso en los primeros quince minutos se torna repetitivo a los cuarenta e insufrible después de la hora y media. 

No dar el paso hacia el absurdo absoluto, sentirse en la necesidad de dejarle claro al espectador lo que tiene que pensar, deja a la película más cerca de ser, curiosamente, un sermón moralista de tintes religiosos que un film capaz de retratar con humor el descenso constante a la estupidez que vemos en personas que niegan el cambio climático, que creen que la tierra es plana o que las vacunas vienen con un microchip.

De esta manera, Don´t Look Up transcurre como si fuera un interminable sketch humorístico del Videomatch de los 90´ o una película guionada por MTV. Si bien en The Big Short y Vice ya se podían apreciar momentos de ese estilo, McKay fue capaz en ambos casos de balancear el tono de tuitero piola e irónico que se las sabe todas con momentos donde lograba narrar de forma interesante los sucesos que se iban presentando. Eso es lo que aquí no ocurre, ya que el tono didáctico es monolítico de principio a fin y no deja resquicio a otra cosa que no sea el onanismo del director.

Don´t Look Up iba a ser lanzada a principios de 2020 pero se retrasó más de un año debido a la pandemia, es decir que no es una película sobre lo que la humanidad ha vivido estos dos últimos años, sino que fue pensada y realizada como metáfora sobre la crisis climática que afronta el planeta tierra. No obstante, aquí se presenta el segundo problema del film: ¿cómo aprovechó McKay el hecho de, inesperadamente, haberse encontrado viviendo un escenario de notables similitudes al planteado en su película?

Todo lo que McKay nos cuenta lo vimos potenciado a escala universal estos casi dos años: negacionistas del virus, políticos preocupados por sacar rédito electoral de una crisis planetaria en vez de preocuparse por evitar muertes, medios de comunicación que buscaron hacer rating a toda costa sin importar posibles consecuencias de sus actos y empresarios pensando en cuánta plata podían sacar de la tragedia humanitaria. 

Sin embargo, otra de las cosas que presenciamos fue la absoluta fragilidad de nuestra creación más espectacular: la ciencia. Es un tipo de fragilidad obvia, ya que el ser humano nunca pudo (y quizá nunca podrá), a pesar de sus esfuerzos, dominar y controlar a la naturaleza. Toda nuestra tecnología es incapaz de decirnos, por ejemplo, cuando ocurrirá un terremoto devastador. Por supuesto, mucho menos puede anticiparnos cuándo habrá una pandemia o qué nuevo virus nos atacará; sería ridículo pretender que los científicos fueran también oráculos.

La fragilidad de nuestro principal escudo protector (y por tanto nuestra fragilidad como especie) quedó expuesta de forma explícita durante la pandemia. Las limitaciones de nuestro conocimiento, el encontrarnos en un escenario de indefensión casi absoluta en el que sólo nos quedaba esperar que el virus no fuese tan letal como para matarnos a todos antes de que la ciencia diera con alguna vacuna, las marchas y contramarchas de aquellas personas a quienes les confiamos la tarea de mantenernos a salvo (¿una buena sátira social sobre el fin del mundo no haría maravillas con la OMS diciendo, durante semanas, que no era necesario usar barbijo ni tapaboca para luego pedir que lo usemos casi que hasta para ir a dormir?) fueron parte del paisaje diario y resultan temáticas propicias para complejizar la relación ciencia/sociedad, que es en definitiva el eje central del film.

Sin embargo, una película hecha en el tono de Don´t Look Up no puede permitirse abordar ese tipo de cuestiones porque automáticamente perdería su cariz didáctico, dejaría de ser un tutorial de YouTube para responder argumentos negacionistas y se vería forzada a pensar e invitar pensar, algo que el film evita a toda costa, ya sea por decisión o por incapacidad de su realizador. Don´t Look Up es una creación perezosa, que teniendo una ingente cantidad de recursos (empezando por su increíble elenco) no logra ser más que una película adolescente. Y es aquí donde entramos en el último problema: ¿a qué público se dirige el film y qué busca?

Una persona que ve las dos horas y media de la creación de McKay difícilmente sea un anti-ciencia. Probablemente ni siquiera se tome el trabajo de ver dos minutos de una película de este estilo. Si por error lo hiciese, parece improbable pensar que fuese a demorar más de cinco minutos en sacarla e ir a Twitter para liderar desde su cama un boicot contra Netflix. 

No obstante, entre las personas que descreen de cosas como el calentamiento global hay fanáticos irrecuperables pero también es probable que haya un grupo, más o menos reducido, de seres a los que se pueda convencer de la gravedad de la situación actual. Una forma de intentar lograrlo es a través del humor. Por supuesto, humor no es lo mismo que ridiculizar durante dos horas y media a alguien, por lo cual: ¿no sería provechoso que un individuo con millones y millones de presupuesto buscara hacer una sátira lo suficientemente inteligente como para intentar convencer en vez de ridiculizar cual adolescente enojado? ¿Es más importante dejar en claro la postura individual del realizador o dejar el ego de lado para trabajar esforzadamente en interpelar a aquellas personas que pueden cambiar de parecer antes de que sea tarde? ¿Se combate el negacionismo haciendo películas que excluyen desde el minuto cero a los que no piensen como nosotros o es más provechoso esforzarnos en hacer producciones de calidad que puedan transformar opiniones?

Esto último es quizá la gran paradoja de Don´t Look Up. Una película que se preocupa más por mostrarle al mundo que está del lado correcto que en intentar colaborar en pos de mejorar la situación actual que dice preocuparle.

Nuestra puntuación
Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *