Se estrenó en salas nacionales, una nueva entrega de la franquicia protagonizada por Tom Cruise, basada en la serie de televisión del mismo nombre, creada por Bruce Geller.
Siguiendo los eventos de Mission: Impossible – Fallout en 2018, esta séptima entrega envía una vez más a Ethan Hunt en una peligrosa misión llena de persecuciones automovilísticas, tiroteos e infartantes acrobacias. Tom Cruise continúa siendo el centro de la marca, y aunque se sospecha que Christopher McQuarrie, tiene reservadas las escenas más impactantes para la segunda parte, este primer capítulo resulta entretenida por sí solo, con un tono más operístico que sus predecesoras. Esta es la tercera película consecutiva de McQuarrie en la franquicia, y al igual que Rogue Nation y Fallout, Sentencia Mortal se apoya en sus escenas de acción espectaculares, así como en los matices emocionales de los personajes, destacándose frente a otras películas del género.
Esta vez, Ethan (interpretado por Tom Cruise) y su equipo, compuesto por Luther (Ving Rhames) y Benji (Simon Pegg), tienen la misión de recuperar una llave de dos piezas perdida, la cual puede desbloquear «La Entidad», una IA misteriosa y poderosa capaz de desmantelar los sistemas de defensa del mundo. Durante su búsqueda, se encuentran con Grace (Hayley Atwell), una hábil ladrona, y Gabriel (Esai Morales), un terrorista del pasado de Ethan que asesinó a una mujer que él amaba. A diferencia de entregas anteriores, la relación entre Ethan e Ilsa (Rebecca Ferguson), una encantadora ex agente británica que opera sola, presenta menos tensión romántica, ya que los personajes han alcanzado otro nivel de relación. Sin embargo, Ethan siente atracción por Grace, quien es tan astuta en el engaño como él, lo que genera una tensión sexual inquietante.
Mucho se ha hablado sobre la disposición de Cruise de arriesgar su cuerpo en aras de una gran escena de acción, pero a sus 61 años, ya no es tan ágil como antes. Quizás como resultado, las escenas de Sentencia Mortal no superan lo visto anteriormente en la franquicia, pero siguen manteniendo la misma intensidad que nos deja sin aliento. Esta vez, McQuarrie logra añadir peso dramático a las escenas (la última con el tren a vapor a punto de caer al precipicio es brillante) e incluso momentos cómicos, como una persecución en un pequeño Fiat 600 amarillo por las calles de Roma.
La puesta en escena sigue siendo uno de los aspectos más destacados de las películas de Misión: Imposible. Con la ayuda de la cinematografía de Fraser Taggart y la partitura de Lorne Balfe, las secuencias son aún más convincentes gracias a la ausencia de música que sobresalga, permitiendo que los sonidos brinden todo el acompañamiento auditivo necesario. En todo momento, Sentencia Mortal presenta una acción limpia y precisa, gracias a un montaje creador de un ritmo envolvente entre las escenas. En la parte actoral, la incorporación de Atwell se integra sin esfuerzo en este mundo de espionaje de alto voltaje, mientras que el villano interpretado por Morales irradia una serena seguridad en sí mismo que resulta inquietante y aterrador, lo mismo que sucede con Pom Klementieff (Mantis de Guardianes de la Galaxia) en el papel de Paris, la enérgica asesina que acompaña a Gabriel en la persecución de Ethan
En conclusión, Mission: Impossible – Sentencia Mortal Parte Uno se consolida como otra emocionante entrega de la franquicia. Desde sus secuencias de acción hasta los matices emocionales de los personajes, la película sobresale en el género de los thrillers de espionaje. Aunque no supera en escenarios a las entregas anteriores, mantiene un ritmo envolvente y presenta una evolución interesante en la vida de Ethan Hunt, pero se hace fuerte en su exploración de la lucha de lo analógico contra lo digital, en la nuevas formas de hacer cine contra la vieja escuela. Con un reparto sólido y una dirección impecable, es una experiencia cinematográfica que cautivará a los fanáticos de la acción y dejará deseando más en la próxima entrega.