Luego de presentarse en el Festival de Cine de Mar del Plata, llega a las salas nacionales la adaptación cinematográfica de In The Country of Last Thing de Paul Aster.
Sabemos de las dificultades que significan adaptar una novela al cine. Mucho más una de Paul Auster, un escritor que construye tramas laberínticas con historias actuales donde mezcla ficción, azar, realidad y misterio. Luego de llevar al cine la novela de Adolfo Bioy Casares, Dormir al sol, Alejandro Chomski se sumergió en el complicado desafío: adaptar a la pantalla grande El país de las últimas cosas, la novela de ciencia ficción que el estadounidense publicó en 1987.
La novela sigue la historia de Anna Blume (Jazmin Diz) a quien conocemos en el inicio de la película mientras le escribe una carta a su novio, enviada desde una ciudad sin nombre, donde cuenta lo que sucede en El país de las últimas cosas. Ella está allí para buscar a su hermano William, y describe una tierra en la que la búsqueda de la muerte ha reemplazado a los avatares y negocios de la vida: las clínicas de eutanasia y los clubes para el asesinato florecen, mientras que los atletas y corredores no se detienen hasta caer literalmente muertos de cansancio, y los saltadores se arrojan de los tejados. Pero Anna intentará sobrevivir en ese país devastado, donde todo lo que existe es posiblemente el último ejemplar de su especie.

Anna Blume al principio es escéptica, la gobierna la esperanza; sigue luchando, pero esta derrumbada, solo vive el día a día. Sam (Christopher Von Uckermann) vive en el futuro, recolectando información para contar lo que pasó en el país de las últimas cosas. Cuando Victoria (Maria de Medeiros) y Anna se conocen se enamoran de ese tiempo presente en el que están sobreviviendo juntas; junto a Boris (Ettore D’Alessandro), un adorador hedonista hasta la comedia frente a la tragedia diaria, del presente más inmediato. El amor entre Anna y Sam, y la amistad con Victoria y Boris producen una toma de consciencia del momento presente como el único en el que pueden vivir. Anna entiende que está donde tiene que estar y en este gesto mínimo recupera la felicidad por vivir, que es lo principal en el film, la transformación de Anna en este mundo derrumbado de las últimas cosas.
Potenciado por un furioso blanco y negro, en El País de las Últimas Cosas, Alejandro Chomski logra construir un entorno cargado y agobiante que le da al film un derroche de pesimismo, de amargura y de dolor. Al ser algo duro, puede resultar espeso en un principio, pero una vez pasado todo esto, necesario para entender todo lo que le sucede a la protagonista, el relato deja las complejidades iniciales y se vuelve más ameno, describiendo un mundo completamente ficticio donde intenta plasmar la miseria más absoluta, donde los suicidios son el pan de cada día.
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