«Exterminio: La Evolución»: el fin del mundo como herencia

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Este jueves se estrena en cines argentinos, la secuela de la película de zombies creada por Danny Boyle y Alex Garland.

Un padre y su hijo. Dos sobrevivientes en una isla escocesa aislada del mundo. Una comunidad que logró mantenerse al margen del desastre durante casi tres décadas. Una madre enferma, postrada, cuyo destino parece sellado. Un doctor, del otro lado del mar, cuya existencia es leyenda, promesa y amenaza al mismo tiempo. Un viaje temerario hacia lo desconocido, motivado por el amor y la necesidad. Esa es la carta de presentación de Exterminio. La Evolución (28 Years Later), la nueva película de Danny Boyle que marca su regreso, junto a Alex Garland, al universo de los infectados rabiosos que redefinieron el subgénero de zombies a principios de los 2000.

Jamie (Aaron Taylor-Johnson) y su hijo Spike (Alfie Williams) forman parte de una pequeña comunidad que sobrevivió al apocalipsis refugiada en una isla escocesa amurallada con madera y piedra. Lejos del caos británico, el tiempo parece haberse congelado. La rutina es dura, pero estable. Hasta que una expedición de reconocimiento rompe el equilibrio. Una incursión breve al continente, a esa tierra muerta que aún respira entre escombros y niebla, revela algo más que horror: revela la posibilidad de que allá afuera, entre Alfas y Rastreros, exista alguien capaz de curar. Ese alguien sería el Doctor Kelson (Ralph Fiennes), un antiguo científico ahora transformado en figura mitológica y amenazante.

La enfermedad de Isla (Jodie Comer), madre de Spike, acelera el destino. Contra las advertencias del pueblo y de su propio padre, el niño decide emprender el viaje hacia el continente. Lo hace acompañado por su madre y una determinación feroz que sólo la juventud, en medio del apocalipsis, puede sostener. A partir de ese momento, el film se transforma en una road movie de horror, un coming-of-age infectado por la muerte, la mutación y la esperanza remota.

Boyle evita repetir la fórmula. A diferencia de la primera Exterminio, este nuevo capítulo no se sostiene únicamente en la adrenalina o la urgencia. Hay secuencias de acción, sí, y las criaturas nuevas —los Alfas, tan veloces y letales como Depredador, y los Rastreros, deformes y parasitarios— aportan renovado espanto. Pero Exterminio: La Evolución es otra cosa: es más reflexiva, más espiritual, más ligada a lo íntimo que a lo colectivo. Habla sobre vínculos rotos, sobre el miedo a la pérdida, sobre lo que significa crecer en un mundo donde la infancia es un lujo extinguido.

La dirección de fotografía de Anthony Dod Mantle vuelve a brillar: las colinas escocesas, los atardeceres encendidos, las ruinas de una civilización abandonada adquieren una belleza melancólica que dialoga con el tono del film. La cámara de Boyle, aunque sigue fiel a su estilo, se muestra más contenida. El vértigo de la primera entrega, los planos angulares y da paso a planos más amplios, a tiempos más dilatados que permiten respirar la desolación del paisaje. Cuando la acción irrumpe —y lo hace, con furia y precisión—, el impacto es mayor por contraste.

La música, a cargo de Young Fathers, funciona como contrapeso emocional: eleva los momentos de tensión y embellece los más íntimos, como cuando Spike contempla el mar o carga con su madre enferma. Hay algo profundamente humano en ese niño que avanza entre la podredumbre, buscando una cura que quizás no exista. Pero también es caótica y potente, cuando la acción se hace presente.

28 Years Later es una película sobre los restos. Los restos de una sociedad, de una familia, de una infancia. Es también una reflexión sobre lo que dejamos atrás y lo que estamos dispuestos a sacrificar. Con un final abierto —sugerente, inquietante y alocado — que deja todo preparado para 28 Years Later: The Bone Temple (continuación anunciada para enero de 2026), la obra de Boyle se posiciona no solo como un regreso esperado, sino como una evolución legítima de su propuesta original.

Entre fanatismos religiosos, ciencia desesperada y nuevas formas de horror, Boyle firma una película madura, lúcida, más filosófica que visceral, pero no por eso menos perturbadora. 28 Years Later no es solo una secuela: es un espejo oscuro que nos recuerda que a veces, sobrevivir no es lo mismo que vivir.

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