Producida por A24, este jueves se estrena la película deportiva protagonizada por Dwayne «La Roca» Johnson y Emily Blunt.
Benny Safdie, reconocido junto a su hermano Josh por su filmografía frenética y de alto voltaje —Lenny Cooke (2013), Heaven Knows What (2014), Go Get Some Rosemary (2009), Good Time (2017) y Uncut Gems (2019)— y considerado uno de los directores más notables de los últimos años, dirige esta vez en soledad su primer largometraje sobre Mark Kerr, campeón de los inicios del UFC.
Desde los primeros minutos, el film utiliza un formato VHS y material de archivo que recuerda a un diario personal, dejando claro que mucho de lo que veremos tiene un anclaje en lo real. A través de entrevistas, fragmentos de peleas y momentos de la vida cotidiana de Kerr, Safdie nos acerca al personaje famoso y al hombre detrás del mito, mostrando su sensibilidad y humanidad.
El film se nutre de contrastes: entre la rigidez y el imponente cuerpo de Kerr, su “máquina” física, y la vulnerabilidad emocional que se despliega en su relación con su pareja, interpretada por Emily Blunt. Cada discusión, cada altercado, repercute en su rendimiento dentro del cuadrilátero. La película también contrasta personajes: Mark Kerr frente a Mark Coleman, su rival y amigo de los primeros años del UFC, y cómo ambos encarnan distintas formas de enfrentar la fama, la presión y la competición.

La música acompaña estos contrastes con un pulso muy cuidado: canciones de la época (Sublime, Sugar Ray) que refuerzan el realismo barrial y una trompeta de jazz que acompaña las escenas de mayor tensión o intimidad. Hay un tono de cine deportivo argentino, de boxeo de barrio, donde los personajes son encantadores, cercanos, con sus problemas, sus aspiraciones y sus límites. Es una película humana, natural, que nos hace sentir cerca de cada personaje, con sus obsesiones, miedos y contradicciones.
El retrato de Kerr no esquiva los aspectos más oscuros: las adicciones a los opiáceos, el consumo problemático y la lucha por el dinero en los inicios de su carrera muestran un lado crudo del deporte profesional y sus exigencias. La pelea por contratos, por el sustento y por la supervivencia en un mundo donde la fama y el dinero son escasos, refuerza ese realismo barrial y humano que atraviesa la película.
Mucho se ha hablado de las actuaciones, sobre todo de Dwayne “La Roca” Johnson como Mark Kerr, quien combina imponente presencia física con momentos de vulnerabilidad que podrían llevarlo a futuras nominaciones. Pero quien más se destaca es Emily Blunt como Dawn Staples, su pareja, fiel compañera, pero también aquella mujer que sufre la ausencia de su pareja y que demanda presencia.
En cuanto al estilo, Safdie logra un equilibrio entre el documental y la narrativa ficcionada: la cámara se mueve con naturalidad, nos mete en los espacios íntimos, registra la cotidianeidad y hace que cada escena de entrenamiento o competencia tenga la misma carga de emoción que los momentos más personales. No es un film de acción espectacular: su fuerza está en lo humano, en la exploración del carácter de Kerr y en cómo su vida personal y deportiva se entrelazan.
En conclusión, La Máquina es una obra de exploración y testimonio: un retrato cercano, con fuerza en los detalles y en los contrastes, que rompe estereotipos sobre los luchadores y su mundo. No es perfecta, pero su valor está en la autenticidad de los personajes, el realismo barrial y la manera sensible de mostrar cómo ganar, perder y sobrevivir repercute en la vida de un hombre.