Leo & Lou: dos heridas en movimiento

Nuestra puntuación

Dentro de la Competencia Internacional del Festival de Cine de Mar del Plata, se proyectó la ópera prima de Carlos Solano.

Todos los años, el Festival de Cine de Mar del Plata nos regala alguna sorpresa —para bien o para mal—. Esta vez, la sorpresa llegó con Leo & Lou, de Carlos Solano. Una película española pequeña, sentimental y clásica en su forma, que aparece casi de contrabando en la programación.

La historia sigue a Leo (Julia Sulleiro), una niña muda que vive en un orfanato y que sueña con participar de un campeonato de pesca en Cobas, un pueblito de Galicia. Tras una serie de travesuras, le prohíben asistir y decide fugarse. En el camino cruza a Lou (Isak Férriz): un adulto perdido, alcohólico, resignado a un trabajo que detesta —se gana la vida disfrazado de pingüino en una casa de fiestas— y que, al encontrarse con la niña, la engaña para que lo lleve a ver a sus padres.

Lo que empieza como una mentira termina convirtiéndose en un encuentro entre dos personas rotas, cada una cargando sus propias sombras. Leo y Lou se encuentran desde la falta, desde lo que les duele, y en ese trayecto logran espejarse y, de alguna manera, sostenerse.

La película apela sin pudor a la emoción: música sensible, ternura a flor de piel, todos los clichés de las feel-good movies. Y, aun así, funciona. Conmueve porque su pareja protagónica tiene química real, porque la niña desarma incluso lo más cínico, y porque el actor que interpreta a Lou sabe construir un tipo torpe, fallido y entrañable.

Es una película convencional, de estudio, casi hecha a medida para una plataforma, pero que aparece inesperadamente en Mar del Plata para recordarnos algo: cuando la puesta en escena abraza la belleza del paisaje, la historia respira. La fotografía de Galicia —sus costas, sus playas, esas nubes que parecen venir desde el fin del mundo— le da el tono justo a esta road movie amable y luminosa, aunque no invente nada nuevo.

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