Otro viernes de locos: tres generaciones, un mismo hechizo

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Este jueves se estrena la secuela de la recordada película de 2003 basada en el libro Freaky Friday de Mary Rodgers.

Más de veinte años después del ya clásico Un Viernes de Locos de Mark Waters, Disney decide volver a girar la rueda de los cuerpos cambiados y las lecciones familiares, con la vuelta de una dupla que marcó una época en la comedia familiar: Jamie Lee Curtis y Lindsay Lohan, ahora acompañadas por Julia Butters (la inolvidable Trudi Fraser de Once Upon a Time in Hollywood) , en una historia que suma nuevas dinámicas generacionales sin traicionar el corazón de la original.

Esta vez, la acción se ubica unos cuantos años después. Tess Coleman (Jamie Lee Curtis) ya no es solo madre, sino también abuela. Su hija, Anna (Lindsay Lohan), ha tenido a Harper (Julia Butters), una adolescente en pleno estallido hormonal, tan provocadora como impulsiva. Lo que antes era una madre desbordada lidiando con una hija rebelde, ahora se transforma en una cadena hereditaria de mujeres temperamentales intentando sobrevivirse unas a otras.

Todo parece desbordarse cuando Anna, como tantas otras veces, debe acudir al colegio por alguna travesura o episodio de mal comportamiento de Harper. Allí conoce a Eric Reyes (Manny Jacinto), padre de Lily (Sophia Hammons), una estudiante inglesa que se instala por un año en la escuela… y se convierte rápidamente en la némesis de Harper. Lo que sigue es un coctel clásico del género: una madre soltera, un padre soltero, romance instantáneo, dos adolescentes que se detestan con fuerza y, claro, una abuela que sigue siendo el alma de la fiesta.

(L-R) Julia Butters as Harper Coleman, Lindsay Lohan as Anna Coleman, Jamie Lee Curtis as Tess Coleman and Sophia Hammons as Lily Davies in Disney’s FREAKIER FRIDAY. Photo by Glen Wilson. © 2025 Disney Enterprises, Inc. All Rights Reserved.

Todo está servido para el regreso de la gran magia: el cambio de cuerpos, ese salto fantástico que permite a padres, hijos (y esta vez también abuelos) ponerse literalmente en la piel del otro. El recurso, que podría sentirse reciclado, sigue funcionando con encanto cuando el tono es el correcto, y aquí se lo respeta con cariño y cierto espíritu de autoparodia. Incluso cuando las caras —en especial la de Lindsay Lohan— parecen más un esfuerzo del CGI que del maquillaje.

La película mantiene la esencia de la original, reitera el tono de comedia de enredos con gags físicos, humor de situaciones cotidianas llevadas al absurdo y una estructura que, aunque previsible, sabe dónde están los golpes de efecto. Se suman algunos personajes nuevos, reaparecen otros viejos conocidos, y todo transcurre con esa mezcla de frenesí y ternura que es marca registrada de este tipo de cine.

No todo funciona igual de bien. La proporción de gags efectivos es menor a la esperada y por momentos la trama parece estirarse innecesariamente, como si la nostalgia justificara más minutos de los debidos. Pero incluso en su irregularidad, la película se deja ver con agrado, sobre todo si el espectador baja la guardia y se entrega a un espectáculo sin mayores pretensiones que el de entretener.

Como era de esperar, Jamie Lee Curtis se roba la película. Su capacidad para adoptar modismos juveniles y ridiculizar con gracia el comportamiento adolescente sigue siendo el gran motor cómico del film. Su timing, su expresividad y su desparpajo logran lo que muchas líneas del guion no alcanzan: hacernos reír genuinamente.

Debajo del juego, como en toda buena comedia de cuerpos cambiados, hay una lección simple pero efectiva: entender al otro pasa por experimentar sus emociones, habitar sus luchas cotidianas, ver el mundo desde su mirada. Y aunque esto se diga mil veces, cuando se hace con cierta honestidad —y se pone en la voz de personajes con los que ya tenemos historia compartida—, todavía tiene potencia.

Otro viernes de locos ofrece exactamente lo que promete: una comedia amable, con momentos desparejos pero suficientes chispazos para sostenerse. Para quienes disfrutaron la primera, este regreso —más indulgente que innovador— seguramente será una experiencia grata, entre la risa fácil y el guiño cómplice de una saga que ya es parte del ADN familiar.

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