Risa y la cabina del viento: el duelo y la pérdida desde los ojos de una niña

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Dentro de la Competencia Argentina del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, la película de Juan Cabral, protagonizada por Diego Peretti y Cazzu.

En un rincón perdido de Tierra del Fuego, el viento nunca dejó de soplar. Allí, entre ruinas y silencios, un teléfono permanece en pie: una vieja cabina que sobrevivió al incendio que arrasó el pueblo y se llevó más de cien vidas. Desde entonces, los habitantes se acercan a ese aparato como si todavía conectara con los muertos. Y quizás lo haga.

Con esa premisa inquietante y poética, Cabral construye Risa y la cabina del viento, una película que transforma el duelo en comunicación, el dolor en memoria compartida. Toma la base de The Black Phone y la subvierte por completo: donde antes había terror, aquí hay humanidad.

Risa vive con su madre, una joven empleada de hotel que, ahogada por las deudas, acepta un trabajo de temporada. Durante el verano, deja a la niña al cuidado de Esteban (un Peretti contenido, melancólico), su vecino alcohólico que todavía carga con la muerte de su hijo en el incendio. Entre ambos, la desconfianza inicial pronto se convierte en una forma de complicidad. La curiosidad de Risa por la cabina —y su deseo de hablar con su padre fallecido— terminará uniendo a dos almas rotas que, sin saberlo, se devuelven la posibilidad de sentir.

La película se apoya en tres actuaciones clave: el profesionalismo de Peretti, el notable debut de Cazzu como la madre, y la ternura contenida de Elena Ríos, que sostiene todo el relato con una mezcla de inocencia y determinación. En el vínculo de Esteban y Risa, hay ecos de Logan de James Mangold y de Léon: The Professional, pero el pulso de Risa y la cabina del viento es propio: la búsqueda de afecto en medio de la pérdida.

Y sobre todo, está la música. Los Babasónicos construyen el paisaje sonoro perfecto: canciones como “Risa” o “Mareo” no solo acompañan, sino que evocan recuerdos, dolores y promesas. Su sonido se convierte en aire, en viento, en un eco emocional que envuelve cada escena.

Cabral logra algo poco común: una película que habla del duelo sin hundirse en la tristeza, que mira la muerte sin perder la luz. Risa y la cabina del viento es, en el fondo, una historia sobre la maternidad en soledad, sobre padres que no supieron quedarse, y sobre la necesidad de seguir hablando con quienes ya no pueden responder.

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