Dentro de la sección Nuevos Autores y Autoras del Festival Internacional de Mar del Plata, se proyectó la película de A24 que le valió el Oso de Plata a Rose Byrne.
Hay cansancios que se acumulan en el cuerpo, se esconden bajo la piel, hasta que algo se rompe. Si pudiera te daría una patada, la nueva película de Mary Bronstein producida por A24, es justamente eso: el retrato de una mujer que intenta seguir funcionando mientras todo alrededor —y dentro suyo— colapsa.
Linda (Rose Byrne), psicóloga, madre y esposa a la distancia, vive en un presente frágil y saturado. Su hija atraviesa una enfermedad inexplicable, su marido está fuera por trabajo durante meses, y ella se multiplica entre sesiones con pacientes que la agotan y noches que parecen no terminar nunca. La rutina se convierte en un campo minado emocional, y cada palabra que escucha parece devolverle un reflejo de su propio desequilibrio.
Cuando el techo de su habitación se derrumba, Linda se muda a un hotel de tránsito donde conoce a un joven de mantenimiento (Asaf Roky), con quien entabla una conexión inesperada, entre el deseo y la necesidad de compañía. En paralelo, un colega psicólogo, con quien comparte consultorio, interpretado por Conan O’Brien, aparece como contrapunto irónico y humano, casi como una voz externa que intenta ponerle humor al agotamiento sin éxito.

La cámara de Bronstein nunca le da aire a su protagonista. Los planos cerrados, la luz opaca y los silencios prolongados construyen una atmósfera de encierro físico y emocional. A eso le sumamos la invisibilización de la hija, con la voz permanente que resuena a cada rato. Pero es Rose Byrne el alma de la película, la actriz ofrece una actuación hipnótica: contenida, vulnerable, por momentos incómoda, como si cada respiración le costara más de lo debido.
El film dialoga con otras exploraciones sobre la mujer contemporánea desbordada —como Animal con Amy Adams o La noche sin mí protagonizada por Natalia Oreiro—, pero Bronstein elige una vía más radical, empujando al personaje hacia un cúmulo de tragedias que bordean lo inverosímil. Esa acumulación, lejos de restar, termina funcionando como una metáfora del colapso: nada sucede “de a poco”, todo cae de golpe.
En su centro late una pregunta dolorosa: ¿qué significa ser madre, sostén, profesional, cuando el mundo ya no sostiene a nadie? El pasado de Linda, marcado por un aborto que aún la persigue, regresa como un eco ético y emocional que atraviesa toda la historia.
Con momentos de lucidez —y otros deliberadamente excesivos— Si pudiera te daría una patada es un retrato feroz del cansancio femenino moderno. Una película que incomoda, se equivoca, pero nunca deja de mirar de frente el abismo emocional que propone.