En la sección Nuevos Autores y Autoras del Festival de Cine de Mar del Plata, se estrenó la película del director chileno Jorge Riquelme Serrano, protagonizada por Alfredo Castro y Paulina Urrutía.
Lo nuevo de Jorge Riquelme Serrano, Isla Negra, continúa la línea incómoda y corrosiva que el director chileno viene trabajando desde Camaleón y Algunas Bestias. Esta vez, instala su mirada en una casa costera aparentemente tranquila, donde el silencio, la comodidad y el paisaje funcionan como un espejismo que se desarma con la primera interrupción.
Guillermo (Alfredo Castro) y su asistente Carmen (Paulina Urrutía) pasan un fin de semana en su amplia vivienda en Isla Negra, supervisando los avances de un ambicioso proyecto inmobiliario, del cual tuvieron que desalojar a habitantes locales. En la casa, todo parece ordenado, casi aséptico, hasta que irrumpe en la puerta una mujer (Marcela Salinas), su marido (Gastón Salgado) y el padre enfermo de él (José Soza). Una emergencia los obliga a entrar, y con ellos entran también sus historias, sus necesidades… y sus conflictos.

Riquelme Serrano plantea el relato desde una variante íntima del home invasion, pero no una invasión violenta al estilo del género: aquí la intrusión es social, política, emocional. Los extraños no rompen la puerta; lo que rompen es la burbuja de privilegio en la que viven Guillermo y Carmen.
A partir de ese ingreso forzado, la convivencia se vuelve una olla a presión. La desconfianza empieza a asomar en detalles pequeños: miradas que se sostienen demasiado, silencios que pesan, gestos que delatan incomodidad. La película trabaja esa tensión con delicadeza y firmeza, sin subrayar, pero dejando claro que lo que se enfrenta no son solo personas, sino dos modelos de país, dos memorias históricas, dos maneras de entender quién merece ocupar qué lugar.
A medida que avanza, Isla Negra se transforma en un espejo incómodo del presente chileno, pero que trasciende fronteras: los conflictos de clase, los prejuicios instalados, los pueblos originarios, el rol del Estado, los negocios inmobiliarios y la violencia soterrada que emerge cuando las jerarquías se alteran. Todo sucede dentro de una casa que parece infinita, llena de habitaciones, de espacio, de aire; un contraste brutal con la austeridad —casi despojo— que traen los recién llegados, gente para la cual el hogar no es un derecho sino una batalla diaria.
Riquelme Serrano filma ese contraste con precisión, donde cada ambiente de la casa funciona como un escenario donde algo está por romperse, con el complemento del hermoso paisaje de Isla Negra con sus piedras agrietadas como metáfora y la potencia de las olas chocando contra ellas. Y, aunque la película nunca se desvía hacia el shock fácil, mantiene un nivel de incomodidad creciente que no da respiro. Potenciado por las grande actuaciones del cuarteto principal, sobre todo de la sorprendente Marcela Salinas.
Isla Negra confirma el camino del director: un cine que apunta directo a las tensiones sociales sin suavizarlas, que abraza la fricción y la incomodidad como modo de lectura. Un retrato oscuro, áspero y profundamente consciente de sus tiempos.