Luego de presentarse en el 36° Festival de Cine de Mar del Plata, se estrena en el Espacio INCAA Gaumont el tercer largometraje del director de Invisible y Las Acacias.

Luego de una explosión, un barco se hunde en altamar. Pietro, un italiano perteneciente a la tripulación parece ser el único sobreviviente gracias a una tabla que le sirve como flotador. Luego de horas a la deriva, se encuentra con un pequeño bote salvavidas dónde se encuentra Abreu, otro tripulante del barco hundido, moribundo y con dificultades para respirar. Parece que solo resta esperar que el tiempo pase y aguardar que alguien pase a rescatarlos pero las inclemencias del tiempo parecen querer lo contrario hasta que se topa con una mitad del barco que flota de milagro. Allí adentro se encontrará con un inmigrante haitiano esposado, que develará cuál es la razón de porque esas dos personas se encuentran flotando a la deriva, en medio del océano.
Basada en una historia del actor principal, Pablo Giorgelli nos trae la clásica historia de náufragos que el cine internacional ha realizado muchas veces, pero nunca dentro del radio nacional. Por eso, en su tercer película como director, luego de Invisible y Las Acacias, aprovecha las virtudes de los Estudios Pinewood de República Dominicana con su famoso tanque de agua para trasladarmos a altamar y realizar una trama compleja de afrontar, ya que hacer una película sobre una persona a la deriva puede resultar tedioso para el espectador o caer en ideas repetidas muchas veces en otras películas sobre náufragos, sobre todo cuando los diálogos escasean. Es por eso que elige ponerle diferentes elementos que no solo nos llevan no a preguntar cómo van a hacer para sobrevivir, sino también saber porqué los sobrevivientes están ahí, siendo que, cada uno de los tres personajes que aparecen no son de la misma nacionalidad.
Ettore Dalesandro es quien le pone el cuerpo a la película demostrando una gran habilidad para componer un personaje dónde el nivel de exigencia física es superior a cualquier otro papel. Abreu, el argentino interpretado por Marcelo Subiotto (entendemos que esa podría ser de nuestra nacionalidad por el simple hecho de tener en su billetera un carnet de Boca). Un papel que parece fácil a simple vista, pero igualmente complejo, ya que debe estar recostado todo el tiempo simulando una lenta agonía. Lo mismo con Henry Shaq Montero, el inmigrante haitiano que debuta en el cine pero demuestra un gran aplomo para transmitir las sensaciones justas por el drama de su pasado y el que le toca vivir actualmente.
Pablo Giorgelli le aplica una capa más a las clásicas historias de náufragos, dándole una dimensión política que traspasa el solo hecho de estar en medio del océano luchando por sobrevivir en un pequeño bote a la deriva. Personajes que ponen en riesgo la vida en busca del sueño américano, mercaderes que se aprovechan de ellos y su desesperación por escapar de su país; y, sobre todo, como las relaciones de poder se invierten cuando ambas personas están en igualdad de condiciones. Con el aporte fundamental de la impecable fotografía de Diego Poleri, La Encomienda se destaca por buscar ser algo más complejo que una película de un náufrago hablando con una pelota, con un final literal a la hora de presentar un discurso político y que nos llama a reflexionar sobre cómo muchos se encuentran hurgando en la basura mientras otros viven de fiesta en su yate conquistador.
- Reseña hecha en el marco del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
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