Este jueves se estrena en el Cine Gaumont, el documental que retrata el histórico plesbicito de Esquel en contra de la minería a cielo abierto.
La Hija del No no es solo un documental sobre una lucha ambiental: es una carta íntima, un diario colectivo y, sobre todo, un ejercicio de memoria activa. Veinte años después del histórico plebiscito que frenó la minería a cielo abierto en Esquel, la película de Silvina Hermosa vuelve a esa historia desde un lugar personal y afectivo: el de una hija que reconstruye la lucha que protagonizó su madre.
En Esquel, decir «No» no fue solo una consigna: fue un acto de amor y de resistencia. Docentes, investigadoras, madres. Mujeres que enfrentaron al poder con conocimiento, organización y una convicción inquebrantable. Entre ellas, Silvia González y Marta Sahores, madre de la realizadora, cuyos testimonios hilvanan pasado y presente con una honestidad conmovedora.

La cámara no busca el espectáculo. Acompaña. Escucha. La estética sobria del film potencia su mirada ética: no narra desde afuera, sino desde dentro, sin golpes bajos ni grandilocuencias. Otro de los ejes interesantes es el vínculo que se traza entre las luchas políticas y el rol de las mujeres. La presencia de Norita Cortiñas nos hace atar los cabos de una militancia protagonizada primero por ellas, a la que después se le suman otros sectores de la sociedad.
Más que un documental, La Hija del No es un acto de memoria viva. Una forma de decir que la historia se construye también desde lo íntimo, desde la escucha y desde el compromiso con lo que no debe repetirse. Porque resistir también es contar. Contarse. Y no olvidar.