Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos. Cuando la familia es el centro del universo

Nuestra puntuación

Este jueves se estrena en cines argentinos el ingreso al MCU de los super héroes de Marvel, creados por Jack Kirby y Stan Lee.

Después de años de tanteos y reinicios fallidos, Los Cuatro Fantásticos encuentran finalmente su lugar dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Y lo hacen con una película que, lejos de ser otra historia de origen, arranca con el equipo ya consolidado como héroes del planeta 828, en una Tierra retrofuturista de estética sesentosa donde los vínculos familiares y las decisiones éticas pesan más que los rayos cósmicos.

Dirigida por Matt Shakman, el film no pierde tiempo en explicar cómo llegaron hasta ahí ni en contarnos el origen del equipo. Desde el primer minuto, con una presentación televisiva al estilo Dick Cavett Show en boca de Ted Gilbert, la película se sitúa en un tono juguetón pero cargado de gravedad emocional. El anuncio del embarazo de Sue Storm (Vanessa Kirby, en una interpretación contenida y potente) es la chispa que enciende una bomba cósmica: el futuro hijo del matrimonio Richards es clave para saciar el hambre de Galactus, el devorador de mundos, cuya llegada es anunciada por el heraldo, una inquietante Silver Surfer (Julie Garner).

(L-R) Pedro Pascal as Reed Richards/Mister Fantastic, Ada Scott as Franklin Richards and Vanessa Kirby as Sue Storm/Invisible Woman in 20thin 20th Century Studios/Marvel Studios’ THE FANTASTIC FOUR: FIRST STEPS. Photo courtesy of Marvel Studios. © 2025 20th Century Studios / © and ™ 2025 MARVEL

Con esa premisa, el guion plantea una tensión central entre el deber con la humanidad y el instinto más básico: proteger a tu hijo. Reed Richards (Pedro Pascal) se enfrenta no sólo al dilema ético de sacrificar a su bebé para salvar al planeta, sino también al rechazo de una población que exige esa entrega. La ciencia, la familia y la estrategia entran en combustión.

La película tiene momentos de gran inspiración, especialmente en su primera mitad, donde los engaños, planes y giros narrativos mantienen un pulso dinámico. Ben y Johnny (La Mole y la Antorcha Humana, interpretados por Ebon Moss-Bachrach y Joseph Quinn, respectivamente) funcionan como alivio cómico sin caer en la caricatura, y la relación entre los cuatro miembros se sostiene con coherencia emocional.

A nivel visual, la dirección se apoya en una estética vintage que recuerda a los cómics originales de Jack Kirby, con decorados pop, colores plenos y una ambientación anacrónica que embellece incluso los efectos digitales más flojos. Cuando el CGI no alcanza, la paleta retro lo compensa.

En el plano de los villanos, Silver Surfer y Galactus —ya anticipados en los avances— cumplen con lo prometido: representan un verdadero riesgo para el núcleo familiar protagonista. Galactus, sobre todo, impone con su escala descomunal, la voz grave de Ralph Ineson y una puesta en escena que juega con luces y sombras de forma inteligente. Por fin, su figura alcanza la dimensión mitológica que supo tener en las viñetas.

Quizás el cierre se resuelve con menos fuerza que el planteo inicial, pero la película logra algo difícil en el Marvel actual: crear personajes con corazón, decisiones difíciles y un dilema real. Aquí no se trata sólo de salvar el mundo: se trata de preguntarse si vale la pena hacerlo a cualquier costo. Eso transforma al film, en una apuesta inesperadamente íntima dentro de un universo que suele priorizar el espectáculo sobre la emoción.

  • Nota: Luego de los títulos hay dos escenas post-créditos.
Compartir: