El Novio de Mamá: un viaje a Bariloche que se desmadra

Nuestra puntuación

Este jueves se estrena en cines argentinos, la comedia protagonizada por José María Listorti y dirigida por Nicolás Silbert y Leandro Mark.

En los últimos años, José María Listorti encontró una segunda vida artística gracias a los reels que reviven sus momentos gloriosos en Videomatch: las cámaras ocultas, los sketches con Pachu, sus salidas absurdas en Josématch. Si bien siguió en los medios gracias a la conducción, el rol cómico y actoral parecía quedar en segundo plano. Pero esa parte ahora no sólo vive del recuerdo: en el teatro interpretando al cangrejo Sebaastián en el musical de La Sirenita y acá protagonizando con El novio de mamá, donde se pone al frente de una comedia familiar que sabe lo que quiere y lo cumple con dignidad.

La peli es todo lo que promete: un tipo grande, simpático y medio torpe (Listorti), que se enamora de una cocinera viuda (Dani La Chepi, muy sólida, tanto en el drama como en la comedia) y termina a cargo de sus hijos en un viaje a Bariloche que, claro, sale mal. Una hija adolescente pegada al celu, un nene lleno de fobias, una aerosilla, un perro inoportuno y mil enredos que terminan construyendo eso que el cine familiar busca desde siempre: una familia disfuncional pero entrañable.

Listorti hace lo que sabe: comedia física, gestual, limpia, con escenas que sacan sonrisas sin necesidad de chistes subidos de tono. Lo acompaña un elenco que cumple y suma: Jorgelina Aruzzi como la caprichosa ricachona, el Alex Pelao, el influencer devenido en actor, se luce como el servicial Beltrán; y Facha Espi, como Ricky, el coordinador turístico buena onda, se roba varias escenas con sus frases motivacionales.

La dirección no inventa la pólvora, pero sabe dónde colocar la cámara para que el gag funcione, aunque muchas veces suenen forzados. Hay ternura, hay duelo, hay segundas oportunidades. Hay, sobre todo, un humor liviano que, en tiempos de cinismo y violencia, no viene nada mal. En definitiva, El novio de mamá no va a cambiar la historia del cine, ni pretende hacerlo, pero sí puede mejorar una tarde de vacaciones con los chicos. Y, a esta altura, eso también es un mérito.

Compartir: