Este jueves se estrena en cines argentinos, una nueva entrega de la saga de Los Cuatro Jinetes, protagonizada por Jesse Eisenberg y Woody Harrelson.
a tercera entrega de Ahora me ves vuelve a convocar a Los Cuatro Jinetes en una aventura que conserva el espíritu lúdico que definió a la saga desde el inicio: un gran truco de magia llevado al terreno del thriller de estafadores, donde todo depende del ritmo, el juego visual y las vueltas de tuerca constantes. Esta vez, la franquicia apuesta a una combinación de nostalgia y renovación, reuniendo al elenco original —Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco, Isla Fisher y Lizzy Caplan— mientras incorpora una nueva generación de ilusionistas listos para ampliar el universo. La gran novedad está en la villana de turno, Veronika Vanderberg, interpretada con elegancia venenosa por Rosamund Pike, que aporta un aire sofisticado y un antagonismo a la altura.
Si hay algo que Nada es lo que parece 3 ejecuta con precisión es su dinámica interna: el pulso del montaje, el sentido del espectáculo y esa narrativa hecha de engaños y sorpresas que, por momentos, recuerda a una versión mágica de La gran estafa. El inicio funciona especialmente bien: enérgico, divertido y con un timing que atrapa de inmediato. También ayuda la química ya probada del elenco original, que sigue siendo uno de los valores más fuertes de la saga. Verlos interactuar, competir, improvisar y deslizar chistes internos sigue siendo tan efectivo como siempre.

A esa base se suman tres jóvenes actores que entran con naturalidad en esta maquinaria de ilusiones: Justice Smith, Dominic Sessa y Ariana Greenblatt, tres figuras en ascenso que cumplen el rol de “nuevo legado”, pensados claramente para proyectar la franquicia hacia adelante. La integración funciona; no forzan un tono nuevo ni desplazan lo anterior, sino que acompañan la mecánica clásica de los Jinetes.
Sin embargo, es imposible no advertir que la saga empieza a transitar un terreno conocido. La estructura, los giros y el propio lenguaje visual están trabajados con oficio, pero sin un verdadero riesgo que reinvente el universo que ya vimos en dos películas previas. Hay trucos nuevos, sí; hay energía; hay momentos ingeniosos. Pero también se percibe que el margen para sorprender se está achicando, como si los trucos disponibles fueran cada vez más limitados.
Aun así, Nada es lo que parece 3 es una entrega más sólida que su predecesora. Mantiene el ritmo, entretiene, respeta las reglas internas del juego y no pierde de vista lo que el público espera: magia imposible, estafas imposibles y personajes que se divierten mientras intentan controlarlo todo. El porvenir de la franquicia es incierto —no está claro cuánto más puede expandirse este universo sin repetirse—, pero esta entrega ofrece exactamente lo que promete: un espectáculo liviano, disfrutable y fiel a su fórmula.