Dentro de la Competencia Argentina de Largometrajes del Festival de Cine de Mar del Plata, se estrenó la película de Fernando Spiner.
Hay películas que no solo se ven: se sienten, se respiran, se recuerdan. Weser, de Fernando Spiner, pertenece a esa categoría. Segunda parte de una trilogía iniciada con La Boya, vuelve a ese universo donde el mar, la memoria y la muerte son parte de una misma marea emocional.
Spiner, reconocido por títulos como La Sonámbula, Aballay, el hombre sin miedo e Inmortal, deja atrás la ciencia ficción para internarse en un terreno más íntimo y poético. En pleno aislamiento pandémico, un grupo de lectura se reúne por Zoom para pensar lo impensable: la muerte, la pérdida, las ausencias que nos dejaron vacíos. Desde ese espacio digital, donde las palabras son lo único que viaja sin contagio, Weser construye un refugio espiritual hecho de literatura, memoria y mar.
El film está atravesado por la voz de grandes poetas: Alejandra Pizarnik, Jaim Nahman Bialik, Walt Whitman, Juana de Ibarbourou, T. S. Eliot, José Emilio Pacheco, Alfonsina Storni, William Shakespeare y John Cheever. Sus versos aparecen como brújulas en medio de la tormenta, trazando un puente entre el encierro y lo eterno, entre la vida que continúa y la que se detuvo.

La música original, compuesta por Natalia Spiner —hija del director—, sostiene con delicadeza esa atmósfera de contemplación y despedida. Su partitura es el eco del mar: suave, persistente, melancólico.
Las interpretaciones acompañan con la misma sensibilidad: Valeria Lois, Luis Ziembrowski, Guillermo Saccomanno – con una frase pesimista para el momento pero premonitoria del contexto actual – y Adriana Lestido aportan cuerpo, voz y presencia a este rito fílmico de lectura y duelo. Pero es Daniel Fanego quien da el paso más conmovedor: interpretando al propio Spiner (o a su reflejo), en su última participación actoral antes de su fallecimiento, vuelve la película una experiencia casi trascendental. Fanego convierte el recuerdo en materia viva.
Weser es un poema visual sobre cómo el arte puede mantenernos a flote. Una película que no busca respuestas, sino preguntas que resuenan como olas: ¿cómo seguimos después del dolor? ¿qué nos une cuando todo se rompe? Spiner filma el adiós con ternura y dignidad, y nos recuerda que la belleza, incluso en medio de la pérdida, siempre vuelve a la orilla.