Dentro de la Competencia Latinoamericana de Largometrajes del Festival de Cine de Mar del Plata, se proyectó la película de Gerardo Minutti.
En un pequeño barrio uruguayo, donde todos se conocen pero nadie se mira demasiado, Los Saldaña (Néstor Guzzini y María Elena Pérez), una familia de clase media trabajadora, reciben una tarea simple: cuidar al perro Los Pernas (Marcelo Subiotto y Noelia Campo), sus vecinos, mientras están de viaje en Punta del Este . Los vecinos, con un capital económico y simbólico mucho mayor, representa todo lo que ellos no son. Pero lo que empieza como un gesto cotidiano pronto se convierte en una grieta que deja al descubierto lo que estaba oculto bajo la calma del pueblo.
La desaparición o el accidente de Ficha, ese perro que funciona como catalizador, desata una cadena de conflictos donde las presunciones, la bronca y las diferencias sociales salen a la superficie con una violencia inesperada. Como en Parasite de Bong Joon-ho, o incluso como en una versión rioplatense de Casa tomada, la película usa el espacio doméstico y lo cotidiano para hablar de desigualdad, resentimiento y miedo.

Coproducción entre Uruguay y Argentina dirigida por Gerardo Minutti, Perros explora el micromundo social de un país partido entre la resignación y la rabia contenida. El guion trabaja con precisión quirúrgica las tensiones de una sociedad fragmentada: la inseguridad, la envidia, la sospecha, el orgullo de clase. Lo que en apariencia es una historia mínima se transforma en una radiografía feroz del presente rioplatense, donde cada personaje encarna una forma distinta de supervivencia moral.
En el centro de ese torbellino aparece Sergio (Roberto Suárez) , un mecánico que funciona como el gran agitador del conflicto. Con un vínculo ambiguo con su hermana, Sergio representa la voz de la manipulación: aquel que alimenta las broncas y saca provecho de la desconfianza ajena – vincularlo con la realidad política argentina queda a criterio del espectador-.
La película se mueve entre lo social y lo íntimo, entre el drama familiar y la sátira política. En ese micromundo que es el pueblo uruguayo, Perros desnuda cómo la envidia y el resentimiento pueden corroer incluso los lazos más simples.
Perros no es solo una historia sobre un perro perdido: es una parábola sobre la pérdida de empatía. Una película que muestra, con precisión y melancolía contenida, cómo el egoísmo y la sospecha se han convertido en la nueva normalidad.