Se estrenó en el Cine Gaumont y Espacios INCAA, la película ganadora de la Competencia Argentina en el BAFICI 2025.
En su nueva película, Luciana Piantanida (Los Ausentes de 2014)se anima a cruzar los límites del realismo y a mezclarlo con algo de fantasía. Todas las fuerzas arranca como un drama íntimo: Marlene, una mujer boliviana, cuida a una señora mayor en un departamento del barrio de Once. Pero pronto la historia cambia. Cuando su turno termina y la ciudad se apaga, Marlene sale a buscar a una amiga desaparecida. Y ahí empieza otra película.
Esa búsqueda la lleva por mercados, galpones, talleres y verdulerías. Pero no está sola. A su paso va descubriendo a otras mujeres migrantes —bolivianas, peruanas, paraguayas— que, como ella, esconden dones extraños: algunas mueven cosas con la mente, otras controlan la energía. Marlene, por ejemplo, puede hablar con palomas. Así, entre lo cotidiano y lo fantástico, se arma una red secreta, un grupo de superheroínas anónimas que se cuidan entre sí.

En el centro de todo está Celia Santos, que debuta como actriz con una presencia que desarma. Con sensibilidad, fuerza y una mirada que dice más que muchas palabras, lleva el peso emocional del relato y logra que su personaje se sienta real incluso en medio de lo mágico. Su actuación es el corazón de la película.
Lo que hace especial a esta historia es que la magia no es solo un truco visual. Es una forma de resistencia. Un lenguaje nuevo para contar la vida de esas mujeres que, a pesar de todo, siguen adelante. La directora logra que todo conviva: lo duro de la vida real con escenas que parecen salidas de un sueño. Y aunque a veces el cambio de tono puede desorientar un poco, la apuesta vale la pena.
La película empieza y termina con tomas aéreas del barrio de Once, como si la ciudad misma fuera otro personaje. Hay algo muy humano en cómo está filmada: una mezcla de ternura, lucha y misterio. Todas las fuerzas no es una historia perfecta, pero nos recuerda que en los márgenes también hay magia, solo hay que saber mirar.