Tras su paso por la competencia argentina del BAFICI, se estrena en el Cine Gaumont, L’Addio, un ensayo documental de Toia Bonino.
Detrás de toda figura histórica hay una familia. Y detrás de cada silencio heredado, una historia que espera ser contada. L’Addio, el documental dirigido por Toia Bonnino, escarba con sensibilidad e inteligencia en las huellas que dejó su abuelo Antonio, exsecretario del partido fascista italiano y autor de Mussolini mi ha detto. Pero lejos de construir un panfleto o un juicio tardío, la película opta por un camino mucho más complejo: el de la memoria íntima.

El filme no busca saldar cuentas con el fascismo ni ofrecer una lección de Historia. Lo que hace es algo más incómodo pero también más honesto: mostrar cómo se convive con una herencia ideológica que nadie pidió, y cómo el silencio puede pesar más que cualquier discurso. La directora no se ubica por encima del relato: lo habita, lo recorre, lo padece.
Uno de los grandes logros de L’Addio está en su lenguaje visual, donde lo familiar y lo simbólico se entrelazan con una belleza sobria. Las imágenes no ilustran: interrogan. Hay una arqueología del gesto, del silencio, de lo que no se puede decir en voz alta, pero se arrastra de generación en generación.
También sorprende por cómo aborda la masculinidad. En los hijos de Bonino, la película sugiere otra posibilidad: que ser varón no implique repetir un mandato de poder o dominación, sino que habilite un vínculo más sano, más humano con la memoria y la identidad.
L’Addio es, en definitiva, una despedida sin rencores pero tampoco sin preguntas. Un intento por comprender, sin justificar. Por nombrar, sin olvidar. Una obra profundamente personal que nos habla a todos.