En el marco del BAFICI 27, se llevó adelante la Premiere Americana de la nueva película de la productora Palestra Films.
Después de irrumpir en la escena independiente con propuestas incómodas y provocadoras, Juan Pablo Basovih Marinaro y Sofía Jablinsky vuelven a correr los límites con Los Bobos, presentada en el BAFICI. Y lo hacen con una película que incomoda, que molesta, pero sobre todo, que interpela. Si en trabajos anteriores como Palestra o Estertor había una exploración del encierro y de los vínculos en espacios reducidos, acá hay una expansión. Salen al exterior, pero el mundo que construyen es todavía más asfixiante.
La premisa es siniestra: en una sociedad post pandemia, existe un sistema clandestino que, mediante un rudimentario electroshock, convierte a las personas en “bobos”. Individuos anulados, sin pensamiento crítico, sin rebeldía, sin conflicto. El dispositivo lo ejecuta un pequeño grupo: una mujer mayor que maneja el negocio (Liliana Weiner), Joaquín, su hijo (Sebastian Romero), una amiga (Cecilia Mariani). Ellos son quienes llevan adelante estas prácticas de lobotomía moderna.
Pero como suele pasar en este tipo de relatos, el conflicto no tarda en aparecer: la distribución del dinero, la precarización, las tensiones internas; la lógica del poder. Un trabajo que la jefa del negocio no quiere hacer es clandestinamente tomado por la pareja ejecutora. Pero dicha tarea esconde algo más turbio, la verdadera razón por la que la matriarca del negocio no lo quería llevar a cabo.

En el medio aparece otra figura clave que desarma cualquier lectura lineal: Erica, la hermana de la pareja de Joaquín. Una joven atravesada por episodios constantes de violencia, que muerde, ataca, reacciona de manera imprevisible. Un cuerpo difícil de contener, que representa justamente todo aquello que el sistema busca eliminar.
Ahí la película abre un dilema potente: ¿quién decide quién debe ser “normalizado”? ¿Qué hacemos con aquello que no encaja? Porque si hay alguien que, bajo la lógica del film, sería “lobotomizable”, es ella. Pero no. Hay un límite. O quizás una contradicción. Ese gesto tensiona todo el relato. Porque expone que el problema no es solo el sistema, sino también los vínculos, los afectos, las decisiones arbitrarias que se toman dentro de lo íntimo.
No es solo una sátira distópica. Es una película sobre el trabajo, sobre la precarización, sobre la explotación y las jerarquías invisibles que sostienen cualquier estructura. Sobre un mundo que necesita sujetos dóciles para seguir funcionando.
Formalmente, la película acompaña esa incomodidad. La cámara sigue de cerca a los personajes, los persigue, los expone. La dirección de arte construye un universo reconocible pero levemente desplazado, donde lo cotidiano se vuelve extraño. Y en medio de todo eso aparece el humor. Un humor negro, ácido, que descomprime pero también refuerza el absurdo.
Los Bobos es incómoda, provocadora, políticamente incorrecta. Y en un panorama donde muchas películas eligen el camino seguro, eso ya es mucho decir. Basovih Marinaro y Jablinsky confirman que son voces a seguir dentro del cine argentino. No porque busquen agradar, sino porque se animan a incomodar. Y en ese gesto, encuentran su identidad.
- Entrevista con Juan Pablo Basovih Marinaro y Sofía Jalinsky en Zona 16: