Baby de Juanma Bajo Ulloa. Crítica.

Nominada a mejor director , se estrenó online la nueva película del extravagante director español.

Rosie Day interpreta a la joven adicta que tratará de recuperar a su hijo en manos de una extraña mujer.

Si hay un director dentro del cine español al cual no se lo puede encasillar en ningún género es Juanma Bajo Ulloa. Junto a Amenábar y a De la Iglesia renovaron el cine fantástico en los 90, sorprendiendo con su primer largometraje, la maravillosa Alas de Mariposa, que le valió varios premios. Siguió en la misma senda con La Madre Muerta hasta llegar a la bizarra comedia Airbag. Su incursión en los documentales de rock marca que su carrera está signada por ser uno de esos cineastas a los que les gusta tomar riesgos y no quedarse en su zona de confort. Esta vez, Bajo Ulloa vuelve a la perplejidad de «su mundo» excitante, chocante, duro y bien surtido de música.

Todo comienza cuando Neska (Rosie Day), una joven drogadicta embarazada da a luz en medio de una de sus crisis. Incapaz de ocuparse del bebé y necesitada de plata para seguir consumiendo, lo vende a Emakumea (Harriet Sansom Harris), una matrona dedicada al tráfico de niños. Arrepentida, la joven tratará de recuperarlo, pero no será fácil. La extraña mujer vive con la que parece ser su hija (irreconocible Natalia Tena) y su nieta en una cabaña en mitad de un bosque. A la vez que se dará cuenta de que las mujeres utilizan a los bebés para esconder un trauma familiar y para ganar dinero.

La atmósfera sombrío, el misterio de sus bellas y sucias imágenes, son las herramientas que Bajo Ulloa elige para realzar una extraña alegoría de la maternidad, un relato de mujeres que espían y que son espiadas. Sin diálogos, con un universo plagado de símbolos, como un chupete de nácar, el nido, la araña o las botellas vacías con dobles sentido pero también con literalidad por parte del cineasta vasco.

Asfixiante y macabra, Baby es una película muda, con muy pocos personajes, una estética muy trabajada, una música envolvente y apenas una casa como espacio principal, un cuento gótico muy arriesgado que por momentos recuerda al cine de Mario Bava. Con un poderoso arranque y una conclusión tan onírica como conmovedora, el director nos lleva por una pesadilla que parece no tener fin, donde todo nace de una maternidad no deseada y el oscuro proceso de remediación. Un film que amas u odias, pero que seguramente no pasará desapercibido ni olvidarás con facilidad.

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