Se sumó al catálogo de Netflix, la nueva película de Tommy Wirkola protagonizada por Whitney Peak, Phoebe Dynevor y Djimon Hounsou.
No le agradecemos lo suficiente a Tommy Wirkola. El director noruego que hizo pelear a Hansel y Gretel contra brujas, que revivió nazis como zombis en Dead Snow y Dead Snow: Red vs Dead; que realizó el delirio sci-fi de What Happened to Monday con Noomi Rapace; y armó un survival salvaje en The Trip con la misma actriz en un rol completamente físico y entregada al papel. Ahora decide ir un paso más, al soltar tiburones en una ciudad. Embestida, es exactamente una celebración del exceso. Una película que que no busca lógica ni solemnidad, y que entiende algo fundamental que muchos olvidan: el cine también es juego y permitir llevar adelante cosas que en la vida real sería imposible de suceder.
La premisa ya es un delirio. Una ciudad azotada por una tormenta, un tsunami, una crecida del mar nunca vista. Eso hace que las calles se vean invadidas por tiburones blancos y tiburones toros. En el medio Dakota (Whitney Peak), una joven con agorafobia y Lisa (Phoebe Dynevor), una mujer embarazada a punto de parir. Al rescate de ellos está Dale (Djimon Hounsou), el tío biólogo marino de Dakota, que junto a un grupo, que incluye un periodista y un camarógrafo, atraviesan la ciudad para rescatar a su sobrina. En paralelo están los hermanos Olson, tres jovenes en un hogar de adopción que sufren el maltrato de sus padres adoptivos. Todos a merced de una incalculable cantidad de escualos dispuestos a devorarlos.

Wirkola no intenta disfrazar nada. Esto es serie B elevada a su máxima potencia: acción desbordada, situaciones absurdas, violencia exagerada y un ritmo que no da respiro. Pero lo más interesante es que detrás del caos hay una mirada muy clara: la de un director que entiende perfectamente el tono que quiere manejar. Porque Embestida no es torpe, es consciente. Sabe que es ridícula, y en lugar de escaparle, la abraza. Y en ese abrazo encuentra su identidad.
Hay algo casi liberador en ver una película así hoy. En tiempos donde muchas producciones buscan justificarse, explicar demasiado o volverse “importantes”, Wirkola hace lo contrario: propone una experiencia. Por eso, podemos ver a un tiburón blanco devorando a los tiburones toros, o un parto en medio del caos, con A thousand miles de Vanessa Carlton de fondo (si, aquella canción que inmortalizó Terry Crews en White Chicks de los hermanos Wayans)
No todo es perfecto, claro. Hay momentos donde el descontrol puede saturar y donde la narrativa queda completamente relegada. Incluso donde los personajes no tienen el desarrollo necesario (poco nos importa que pase con los Olson). Pero sería injusto medirla con parámetros que no le interesan. Esto es otra cosa. Es cine como espectáculo, como desborde, como idea imposible hecha imagen. Y en ese terreno, funciona