¡La Novia!: furia, identidad y revolución

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Este jueves se estrena en cines la película de Maggie Gyllenhall inspirada en el clásico de James Whale de 1935.

Después de consolidarse como directora con La hija oscura, Maggie Gyllenhaal vuelve a ponerse detrás de cámara con una versión libre y arriesgada de La Novia de Frankenstein, inspirada en el universo creado por Mary Shelley. Hay, además, un gesto histórico que potencia la película: en la novela original, Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), la Novia nunca llega a existir; Víctor comienza a crearla, pero destruye el cuerpo antes de darle vida. La imagen icónica nace recién en el cine, en Bride of Frankenstein de James Whale, donde Elsa Lanchester la interpreta sin nombre propio, acreditada apenas como “The Monster’s Mate”. Esa doble ausencia —literaria primero, identitaria después— es la que Gyllenhaal decide invertir: su Novia deja de ser promesa frustrada o compañera fallida para convertirse en sujeto, alguien que se construye a sí misma y rompe con el destino que otros intentaron imponerle.

Ambientada en un mundo de mafiosos en los años 30, la historia sigue a Ida, una mujer irreverente y pasional que trabaja en un burdel dominado por la violencia masculina. Rebelde en un sistema que la quiere sumisa, su insubordinación frente al poder mafioso —comandado por Lupino— la condena. La matan por desafiar la hegemonía machista. Pero la muerte no es el final.

Un solitario Frankenstein (un Christian Bale contenido, torpe, curioso) acude a la doctora Euforios para que le consigan una novia que lo salve de su soledad. Ida será la elegida. Revivida, reconstruida, convertida en “La Novia” —con una Jessie Buckley magnética y desbordada— inicia junto a él una relación convulsiva, casi una pareja criminal romántica y monstruosa.

Hay además una dimensión inesperada: este Frankenstein es un amante del cine clásico hollywoodense. Idolatra a un galán llamado Ronnie Red, interpretado por Jake Gyllenhaal, hermano de la directora. En esas imágenes idealizadas del star system encuentra refugio. El musical, el brillo, los cuerpos perfectos y las bellezas casi demoníacas funcionan como vía de escape frente a una realidad brutal. El cine dentro del cine aparece como salvación, como fantasía que protege al monstruo del mundo que lo rechaza.

La película transforma a la Novia en un ícono de revolución femenina. Su identidad ya no es la de una criatura creada para complacer, sino la de una mujer que cuestiona el orden que la fabricó. En ese contexto violento, donde los cuerpos femeninos son ultrajados y disciplinados, el film se vuelve un alegato feroz contra el rol impuesto a la mujer.

De alguna manera, ¡La Novia! es aquello que la segunda parte de Joker no logró ser: una verdadera película de fuga, con un universo onírico musical. Tiene el pulso salvaje y la irreverencia de Natural Born Killers de Oliver Stone. Es excesiva, barroca, incómoda. ¿Es ampulosa? Sí. ¿Es provocadora? También. ¿Se comprenderá del todo en un solo visionado? Probablemente no. Pero en esa desmesura está su potencia.

¡La Novia! no es sólo una historia de amor monstruosa. Es una reflexión sobre lo verdaderamente monstruoso: el sistema que construye, destruye y vuelve a moldear a las mujeres… y sobre el cine como el único lugar donde incluso un monstruo puede soñar.

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