Se encuentra disponible on line, la película de los hermanos McManus presentada en el Festival de SITGES y nominada a mejor película.
El multiverso ya es parte del ADN de la cultura pop. Desde Back to the Future hasta el universo de Marvel, pasando por Rick and Morty, el concepto ha sido explorado, explotado y, muchas veces, agotado. Por eso, cuando aparece una película que logra resignificarlo desde un ángulo inesperado, vale la pena detenerse. Redux Redux, de los hermanos McManus (Kevin y Matthews), toma esa idea y la atraviesa con una dimensión profundamente emocional: el duelo materno.
La protagonista, Irene (Michaela McManus), ha perdido a su hija a manos de un asesino serial llamado Neville (Jeremy Holm). Desde entonces, lleva catorce años saltando de un multiverso a otro gracias a una extraña máquina con forma de ataúd —símbolo nada casual— buscando una línea temporal en la que su hija haya sobrevivido. Pero en ninguna lo logra. Lo único constante es la tragedia.
Ante esa imposibilidad, Irene convierte su dolor en venganza: ha matado a Neville de todas las formas imaginables en distintos universos, escapando luego hacia otra realidad para volver a empezar. La repetición la ha endurecido, la ha deshumanizado. Hay algo casi mecánico en su cruzada, una frialdad que recuerda por momentos a The Terminator.

Todo cambia cuando, en uno de esos saltos, encuentra a una joven que está a punto de convertirse en la próxima víctima. En lugar de limitarse a ejecutar su ritual de venganza, Irene decide salvarla y llevarla a otro universo. Ese gesto altera su lógica interna y reconfigura su vínculo con la maternidad, el duelo y la posibilidad —remota— de redención.
Lo interesante de Redux Redux es cómo desplaza el foco del espectáculo sci-fi hacia la intimidad emocional. El multiverso no es aquí una excusa para el caos visual o la pirotecnia narrativa, sino un dispositivo para hablar del dolor, de la imposibilidad de aceptar la pérdida y del desgaste que produce vivir anclado en el pasado. En lo estético, la película apuesta por una atmósfera con ecos setentistas y ochentosos: sintetizadores, una fotografía cuidada y una textura visual que remite al sci-fi clásico. Esa decisión estilística le da identidad y la diferencia dentro de un subgénero saturado.
Redux Redux no reinventa el concepto del multiverso, pero sí lo humaniza. Lo vuelve íntimo. Lo convierte en una historia sobre una madre que no puede dejar de buscar a su hija, aunque eso implique perderse a sí misma en infinitas versiones del mismo dolor. Una sorpresa dentro del sci-fi contemporáneo que vale la pena destacar.