Madre siniestra: los monstruos también viven dentro de casa

Nuestra puntuación

Este jueves se estrena en cines argentinos la película de Rob Savage, producida por Blumhouse y Atomic Monster, protagonizada por Jessica Chastain.

Rob Savage fue uno de los nombres que el terror descubrió durante la pandemia. Con Host, aprovechó las reuniones virtuales y las pantallas que se habían convertido en parte de nuestra vida cotidiana para construir una película de terror tan sencilla como efectiva. Después llegaron Dashcam y El hombre del saco, y Savage empezó a demostrar que detrás de aquellos experimentos con la virtualidad había también un director interesado en hablar de los miedos contemporáneos y, especialmente, de los traumas que se esconden detrás de una familia. Madre siniestra vuelve a meterse en ese terreno, pero esta vez lo hace desde la mirada de una niña.

La protagonista es Bela, una niña de ocho años que pasa buena parte del día con su padre mientras su madre trabaja. En apariencia, la familia mantiene una vida cotidiana relativamente normal, pero rápidamente aparecen señales de que algo no funciona dentro de ese hogar. Hasta que Bela comienza a encontrarse con una presencia que sale de su armario: una entidad a la que llama Other Mommy, una figura que tiene el aspecto y la voz de su propia madre y que le hace una pregunta tan sencilla como perturbadora: “¿Puedo entrar en tu corazón?”.

A partir de ahí, Savage construye algo más interesante que una simple historia de una niña perseguida por un monstruo. Porque Other Mommy puede adoptar diferentes formas y convertirse en aquello que necesita para acercarse a Bela. La amenaza sobrenatural funciona entonces como una especie de representación de todo aquello que la niña todavía no puede comprender: las mentiras de los adultos, las traiciones, los secretos familiares y las heridas que permanecen ocultas detrás de una pareja que intenta sostener una estructura que ya está rota.

Uno de los mayores aciertos de la película está precisamente en cómo organiza esa información. Madre siniestra puede leerse como un recorrido por diferentes etapas de la mente de Bela y por las distintas capas del conflicto familiar. Primero aparece la mentira como una forma de ocultar aquello que no se quiere enfrentar. Después llega la traición, vinculada a las relaciones entre los adultos. Más adelante aparece el entretenimiento y la necesidad de construir una pantalla para tapar el verdadero problema. Y finalmente, cuando todas esas capas empiezan a caer, aparece el pasado familiar y la verdadera naturaleza de aquello que representa Other Mommy.

Ese mecanismo hace que el espectador vaya reconstruyendo la historia casi al mismo tiempo que Bela. La película comienza desde su relato y, poco a poco, nos obliga a preguntarnos cuánto de aquello que vemos pertenece al mundo sobrenatural y cuánto es la manera que tiene una niña de interpretar un trauma que todavía no puede poner en palabras. Ahí Savage encuentra el corazón de la película: el monstruo no solamente está en el armario; también puede estar en aquello que los adultos intentan esconder dentro de una casa.

En ese sentido aparecen temas como la maternidad, los embarazos no deseados, las figuras paternas y maternas sustitutas, los vínculos familiares y, sobre todo, la necesidad de un niño de aceptar la familia que le tocó. Bela no tiene las herramientas para comprender las decisiones de los adultos, pero sí puede percibir que algo está mal. Y el terror se convierte en la forma de hacer visible esa percepción.

Jessica Chastain es fundamental para que todo esto funcione. No solamente interpreta a Ursula, sino que también se convierte en la presencia de Other Mommy, y esa duplicidad le permite jugar con una idea inquietante: cuánto puede cambiar una figura maternal cuando deja de ser reconocible para el hijo. La película aprovecha muy bien esa ambigüedad y convierte el rostro conocido de la madre en una fuente permanente de amenaza.

El problema aparece cuando Madre siniestra abandona esa lectura psicológica y familiar para entregarse de lleno al terror sobrenatural. Allí algunas de sus decisiones se vuelven más convencionales y aparecen recursos que recuerdan a otros exponentes recientes del género. Hay momentos que pueden remitir a Smile y otros que tienen ecos de Goodnight Mommy, especialmente en ese juego entre identidad, maternidad, percepción y amenaza. Cuando Savage se concentra en la familia, en cambio, la película encuentra una personalidad mucho más interesante.

También hay una tensión entre la película que Savage parece querer hacer y el producto de terror que finalmente necesita entregar. Por momentos se acerca a ese terror más psicológico, incómodo y atmosférico; en otros, parece transformarse en una producción de Blumhouse más preocupada por el susto inmediato y el impacto paranormal. No siempre consigue equilibrar ambos registros, pero incluso en sus momentos más convencionales hay una idea que permanece funcionando por debajo de la superficie.

Madre siniestra termina siendo, entonces, una película menos preocupada por explicar qué es el monstruo que por preguntarse por qué una niña necesita inventarlo. El terror funciona como una manera de procesar la mentira, la traición y los secretos de una familia que no puede hablar de aquello que realmente está pasando. De esta forma, Rob Savage vuelve a demostrar que sabe estructurar una historia de terror y administrar la información para que el espectador vaya descubriendo las piezas progresivamente.

Compartir: