Este jueves se estrena en cines argentinos el documental que registra la histórica vuelta a los escenarios de la banda liderada por los hermanos Gallagher.
Si hay una banda que ha desatado polémicas, conflictos y titulares durante décadas, esa es Oasis. Su regreso en 2025, después de 16 años de separación, se convirtió en uno de los grandes acontecimientos musicales de los últimos tiempos. Liam y Noel Gallagher volvieron a compartir escenario después de aquella pelea de 2009 que terminó con la banda separándose minutos antes de salir a tocar en París. Lo que parecía imposible finalmente ocurrió: Oasis volvió a las pistas y con ellos regresaron también los himnos que marcaron a toda una generación. Oasis: Don’t Look Back in Anger registra ese regreso, pero rápidamente descubre que detrás del fenómeno musical hay otra historia mucho más íntima: la de dos hermanos que tuvieron que aprender a encontrarse nuevamente.
El documental comienza con una breve reconstrucción de aquella separación y rápidamente nos lleva al momento en que empiezan los ensayos para la gira Live ’25. Primero aparece Noel, acompañado por Paul “Bonehead” Arthurs y parte de la formación, intentando recuperar la maquinaria de una banda que llevaba años detenida. Y al día siguiente aparece Liam. Llega, canta y se va. Como si 15 años no hubieran pasado. Como si Liam Gallagher siguiera siendo exactamente ese personaje imprevisible que todos conocemos. Pero la película entiende que ese contraste entre ambos es justamente uno de los grandes motores de Oasis: Noel, más introspectivo, cerebral y cuidadoso; Liam, impulsivo, provocador, extrovertido y absolutamente magnético.
Southern y Lovelace registran el proceso desde los ensayos hasta el primer concierto en Cardiff y luego acompañan la gira alrededor del mundo. Pero el foco emocional está puesto especialmente en Noel. Es él quien parece procesar con mayor intensidad lo que significa volver a compartir escenario con su hermano después de tantos años sin hablarse. Hay algo casi terapéutico en observarlo enfrentarse a ese pasado, pero también en descubrir que los dos ya no son aquellos jóvenes de veinte años que conquistaron la escena musical durante los 90. Pasaron los años, cambió la vida y también cambió la relación con la fama. Hay madurez, hay humor y también cierta conciencia de que el tiempo no vuelve atrás. Incluso Liam, con su habitual irreverencia, aparece hablando de Mick Jagger y de cómo pretende moverse sobre un escenario a determinada edad. El chiste funciona porque detrás hay una realidad: ellos también envejecieron.
Pero Oasis nunca fue solamente Liam y Noel. Y ahí el documental encuentra otra de sus grandes virtudes: los fans. La película viaja por diferentes ciudades y países para mostrar qué significa Oasis para quienes crecieron con sus canciones y para quienes las descubrieron mucho después. Manchester ocupa un lugar fundamental. La ciudad obrera, de clase trabajadora, aparece casi como un tercer protagonista. Liam y Noel parecen condensar dos caras de ese lugar: el caos, la impulsividad y la rebeldía de uno frente a la mirada más reflexiva y contenida del otro. Pero esa identidad también está presente en quienes siguen cantando sus canciones décadas después.

Y ahí aparecen imágenes que para nosotros tienen un sabor especial. El documental muestra fans de Corea, Brasil, Manchester y diferentes lugares del mundo, pero también hay una sorpresa argentina: La Buteler, la hinchada de San Lorenzo, aparece vinculada a Wonderwall. Porque esa es justamente la idea que la película intenta construir: Oasis dejó hace mucho tiempo de pertenecer exclusivamente a Liam y Noel. Sus canciones se transformaron en parte de la cultura popular y pasaron a formar parte de la banda sonora personal de millones de personas. Wonderwall, Live Forever, Don’t Look Back in Anger, Supersonic y tantos otros himnos ya no son solamente canciones de Oasis. Son recuerdos, historias, amistades, viajes, estadios, amores y momentos de vida.
Quizás el documental insista demasiado sobre esa idea. Una y otra vez vuelve sobre la importancia de Oasis y sobre el vínculo casi religioso que existe entre la banda y sus seguidores. Pero hay algo genuinamente emocionante en comprobar cómo esas canciones atraviesan generaciones y fronteras. La película entiende que no necesita explicar demasiado cuando puede simplemente mostrar a miles de personas cantando al unísono. Y cuando suenan los grandes éxitos, el documental se convierte inevitablemente en una experiencia musical. La puesta en escena de los conciertos, el sonido y la manera de registrar a la multitud consiguen transmitir algo de lo que significó estar allí.
También hay espacio para Manchester más allá de Oasis. El documental recuerda el atentado de 2017 durante el recital de Ariana Grande y el dolor que atravesó a la ciudad. Es un pequeño momento dentro de una película que podría haberse limitado a celebrar el regreso de la banda, pero que sirve para recordar que Oasis pertenece a una ciudad y a una identidad cultural mucho más grande que sus propios integrantes. Música, tragedia, comunidad y memoria terminan formando parte de la misma historia.
Oasis: Don’t Look Back in Anger es, finalmente, un documental hecho especialmente para los fans, pero que puede funcionar también para quienes quieran entender por qué esta banda sigue siendo tan importante. No busca hacer una autopsia de la separación ni profundizar demasiado en los motivos que llevaron al enfrentamiento entre los hermanos —y quizás ahí esté una de sus principales limitaciones—, sino registrar el presente y construir una historia de reconciliación.
Porque en el fondo esta no es solamente la historia de una banda que volvió a tocar. Es la historia de dos hermanos que después de 15 años decidieron volver a compartir algo que alguna vez los unió y que después terminó separándolos. Noel y Liam ya no son aquellos jóvenes que conquistaron Inglaterra y se convirtieron en los nuevos Beatles del rock británico. Son dos hombres que crecieron, envejecieron y entendieron que hay cosas que quizás vale la pena recuperar. Y mientras ellos vuelven a tocar, millones de personas vuelven a cantar.
Como dice la canción que le da título a la película: no mires atrás con enojo. Quizás esa sea finalmente la verdadera premisa de este documental. No borrar el pasado, no fingir que nunca existió, sino aprender a mirarlo de otra manera para poder seguir adelante. Oasis volvió. Y Don’t Look Back in Anger intenta explicar por qué, después de tantos años, todavía necesitábamos que lo hiciera.