The Babysitter: Killer Queen de McG. Crítica.

La secuela del film de 2017 sobre la niñera y su grupo de amigos adoradores de Satanás llegó a Netflix.

Cole y Melanie vuelven a luchar contra los adoradores del Diablo.

McG es conocido por realizar las primeras adaptaciones al cine de Los Ángeles de Charlie y por Terminator 4: La Salvación, películas de acción que no muchos recordarán como grandes obras del género. Acostumbrado a navegar en terrenos de películas poco relevantes, en su filmografía se destacó por meterse en el drama We Are Marshall con Mathew McConaughey), basada en un hecho real, sobre un joven entrenador de fútbol americano que tuvo que afrontar el difícil desafío de construir de nuevo el equipo de la Universidad de Marshall (West Virginia), tras el trágico accidente aéreo que en 1970 acabó con la vida de todo el equipo: entrenadores, directivos, periodistas y algunos fans que se encontraban en el avión.

La otra es una de 2017 donde el director incursionaba por primera vez en el género de terror, The Babysitter. Comedia de terror adolescente sin muchas pretensiones,que significó el primer protagónico de Samara Weaving, famosa por “Boda Sangrienta” y su parecido a Margot Robbie. Muy entretenida, con Bee, la niñera, una villana satánica y entrañable, una sorpresa por ser un director que venia de filmar otro estilo de películas. El boca a boca hizo que la película sea reconocida por los amantes del género y obviamente, al tener un final abierto era de esperar que la misma tenga una secuela, esta vez, producida por Netflix, que contaba con la primera parte en su catálogo desde hace mucho tiempo.

En esta segunda entrega el film nos trae de nuevo al sobreviviente de la primera, Cole (Judah Lewis) dos años después de los sucesos trágicos. El joven se encuentra cursando la secundaria y arrastra secuelas del traumático hecho. Sus padres no le creen, ya que lo sucedido no pudo ser comprobado, ya que no quedaron pruebas. La única persona que le cree es su amiga y vecina, Melanie (Emily Alyn Lind) quien fue testigo de los hechos. Los padres de Cole creen que el joven sufre una especie de esquizofrenia por lo cual deciden internarlo pero antes de que se concrete, el joven se fugará junto a Melanie y los amigos de ella a un barco flotante en una laguna. Pero no todo será tan fácil ya que los adoradores del culto satánico volverán por Cole.

Obviamente, al igual que la primera, vuelve a apelar a todo el repertorio de clichés de las películas para adolescentes. Los matones de la escuela, los deportistas, el bullyng, la amigovia con un tonto novio, los excluidos, los nerds y Cole. Todo un micromundo escolar hilvanado para reforzar el concepto de film teenager. Como era de esperar también tiene varios giros sorpresivos del estilo Scream y la inesperada vueltaa de los amigos de Bee, (incluida Bella Thorne, la animadora) esta vez en como una especie de inmortales que solo viven de noche.

Desde el plano musical apela a los gloriosos ochenta (suenan Dead Kennedys, Jefferson Airplane, Alannah Myles, Queen), pero también tiene mucha energía de los noventa (incluso aparece un Motorola StarTac). Acompañada con la ambientación de la laguna y los espacios oscuros, que dan la sensación permanente de que la película está más cercana a la lógica de estar viviendo una pesadilla que a la de una de terror convencional. Vale la aclaración, no esperen ver un clásico del cine del género, The Babysitter: Killer Queen es otra cosa, es entretenimiento puro, una mezcla humor con escenas gore y hormonas puber. Una digna segunda entrega de una saga a la cual no hay que pedirle más que diversión, sin juzgar ni pretender más que eso y eso es algo que logra con creces.


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