Abigail de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett / Review

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Este jueves se estrena en cines la película de terror de los creadores de Boda Sangrienta y las nuevas entregas de Scream.

Durante las décadas de los 80 y 90, el cine de vampiros vivió una época dorada con títulos como The Lost Boys, Fright Night y From Dusk Till Dawn. Ahora, el dúo detrás de los reboots de Scream, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, retoma ese espíritu con Abigail, una película que mezcla horror y diversión de forma refrescante.

La trama sigue el secuestro de Abigail (Alisha Weir), una joven bailarina de 12 años e hija de un millonario. Un grupo dispar de criminales, unidos por la promesa de un rescate millonario, descubre rápidamente que no están preparados para lo que enfrentan. Abigail no es una niña ordinaria, y lo que comienza como un plan de secuestro rutinario se convierte en una lucha por la supervivencia.

El guion de Stephen Shields y Guy Busick construye con ingenio la tensión mientras desarrolla personajes memorables. Melissa Barrera destaca como la heroína del grupo, mientras Dan Stevens interpreta al ex detective Frank con un carisma inquietante. Kathryn Newton y Angus Cloud aportan humor en los momentos justos, y Kevin Durand se roba escenas como un matón torpe pero entrañable. Sin embargo, es Alisha Weir quien brilla: la niña, conocida por protagonizar el musical Matilda del 2022, lleva a Abigail de la aparente vulnerabilidad a un papel aterrador y feroz.

Con guiños estilísticos al horror clásico, Abigail no escatima en sangre ni en espectacularidad. Las coreografías de danza, los efectos prácticos y un diseño de producción detallado refuerzan el ambiente gótico y nostálgico. Si bien no aspira a ser una obra maestra del género, logra capturar la esencia del terror ochentoso: puro entretenimiento con un toque de irreverencia.

En su clímax, donde el caos y la sangre se combinan, la película honra a sus predecesoras mientras encuentra su propio ritmo. Abigail es un tributo al VHS, una experiencia que celebra lo mejor del terror y la diversión. Una propuesta fresca que, sin pretender revolucionar el género, entrega una montaña rusa de emociones, perfecta para quienes extrañan el encanto de los clásicos de terror.

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