Crítica de Lead Me Home: vivir en las calles de los Estados Unidos

La producción disponible en Netflix y nominada a mejor cortometraje documental aborda la vida de los homeless estadounidenses.

Dirigido por Pedro Kos y Jon Shenk, Lead Me Home es un cortometraje documental de 40 minutos de duración que fue filmado entre 2017 y 2020 en las ciudades estadounidenses de Seattle, San Francisco y Los Ángeles, trío de localidades que durante los últimos cinco años se declaró en situación de emergencia respecto a la cantidad de personas durmiendo en sus calles.

A lo largo del documental se presentan diferentes protagonistas que comparten el no tener un hogar pero que se encuentran frente a diferentes realidades. El cortometraje pone en pantalla personas que tienen trabajo pero no pueden pagar un alquiler, así como también vemos a quienes no consiguen empleo pero están buscándolo; vemos a personas en condiciones físicas y mentales de insertarse en el mercado laboral y otras que parecieran no tener las aptitudes para lograrlo; vemos a una persona trans rechazada por su familia y también a mujeres embarazadas esperando formar sus familias; vemos a personas que bailan o muestran algún tipo de talento en alguna esquina y otras que no quieren ser vistas por sus vecinos; vemos personas enamoradas y también a quienes son víctimas de violencia física y/o sexual; vemos a personas que se encuentran en situación de calle desde hace poco tiempo y otras que llevan toda una vida en ese escenario.

El formato coral del relato le permite a los directores ahorrar tiempo en explicaciones. Las pequeñas grajeas que vemos de cada persona en el documental cumplen a la perfección la tarea de mostrar que una situación particular, por más peso que tenga, no define la totalidad de lo que es una persona. Al mismo tiempo, que varias personas estén en una misma situación no implica que sus condiciones sean las mismas (ni tampoco sus deseos, miedos, preocupaciones, ambiciones, competencias, etc.). Sin necesidad de verbalizarlo, Lead Me Home logra dejar en claro, con retazos de la vida cotidiana de cada uno de sus protagonistas, la imposibilidad del estereotipo.

La presencia del Estado y el rol de quienes desde allí deben ocuparse de la situación no es algo que ocupe un lugar preponderante en el relato, pero sí tiene presencia. Se muestran las deficiencias para responder al problema y la crueldad en la que puede incurrir el aparato estatal, pero también se exhibe el trabajo que se hace desde el mismo para tratar de paliar la situación y encontrar alguna solución. Lead Me Home deja que la audiencia saque sus propias conclusiones.

La discriminación de la que son víctimas las personas en condición de calle también tiene su hueco cuando un grupo de vecinos, visiblemente ofuscados, reclama que se relocalice lejos de sus propiedades a un grupo de homeless porque no los quieren cerca.

En conclusión, Lead Me Home es un cortometraje que muestra cariño por sus protagonistas y que, a contracorriente de lo a veces puede ocurrir, deja que sean ellos y ellas, a través de sus vidas y sus palabras, quienes hablen por sí mismos en vez de convertirlos en instrumentos para que sólo quede claro lo que piensa un director, productor o guionista.

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