Luego de ganar como mejor película en el Festival de Sitges, este viernes llega a la plataforma MUBI la ópera prima islandesa protagonizada por Noomi Rapace.
Ada es felicidad y amor, es una persona que vino a darle alegría a una pareja. Pero Ada tiene una particularidad: es un híbrido entre oveja y niña. Nacida en la granja bovina de María (Noomi Rapace) e Ingvar (Hilmir Snær Guðnason) llegó para cambiar la monótona vida en soledad en medio de la pareja en la montaña Islandesa. Ahora todo es alegría y ellos la crían como si fuese una niña y no un animal. Incluso María es capaz de matar a su madre verdadera, una oveja del ganado, que merodea permanentemente la casa tratando de recuperar a su cría.
La vida feliz de los tres se ve interrumpida con la llegada de Petur, el hermano de Igvar, quien se presenta en el lugar luego de ser abandonado por unas mujeres, con lo cual no está muy claro los motivos de su presencia en el lugar, más allá de llegar a pensar que lo hace para ocultarse. Pero además, esconde una relación extramatrimonial con María, a quien acosa permanentemente. Petur mira la situación con esa hija con extrañeza, pero a la larga termina aceptando y vinculándose con ella.
Producida por A24, el director islandés nos trae un relato que podría encajar perfecto con los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Con una extraña y novedosa visión sobre los vínculos maternos y paternos, entremezclado con el folk-horror cuenta una historia que mezcla alegorías religiosas (el bebé cordero nace en Navidad) con la vida cotidiana de una pareja rural que, en el medio de la nada, viven un aparente duelo por un ser querido fallecido (se entiende que puede ser una hija por los retratos en la casa y la tumba a la que ella concurre).
Con Noomi Rapace como actriz principal y figura convocante, la película se desarrolla con una lenta narrativa. Nos enternece cuando vemos las formas en la que la extraña criatura se vincula con sus padres adoptivos pero también nos atemoriza cuando vemos como los corderos perciben la presencia de un extraño ser en los alrededores de la granja. En ese plano es el paisaje islandés el telón de fondo inquietante y misterioso que nos da un nuevo personaje añadido al misterio de esta historia.
Pero más allá de esa sensación de terror inminente y de lo pertubador que pueda verse la relación de los padres con el híbrido, Lamb se presenta como un film humano que nos habla del instinto materno, de la paternidad y de los vínculos. Es un film plagado de simbolismos y de alegorías, cuyo ritmo ralentizado hace juego con la solitaria locación donde está ubicada la granja. En su ópera prima, Valdimar Johannsson sorprende en la escena audiovisual con una auspiciosa obra, que se podría sumar a la nueva corriente dentro del género, encabezada por Ari Aster y Robert Eggers.