Hangar Rojo: La noche en que todo se quebró

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Dentro de la Competencia Oficial Internacional del BAFICI, se llevó a cabo la premiere mundial de la película chilena de Juan Pablo Sellato.

El 10 de septiembre de 1973. Un día antes del golpe militar en contra del gobierno de Salvador Allende. Un destacamento de la Fuerza Aérea en Chile. Movimientos extraños. Silencios incómodos. Algo que está por estallar. Juan Pablo Sellato construye un thriller político asfixiante, apoyándose en una historia basada en hechos reales, inspirada en el libro de Fernando Villagrán, lo que le da aún más peso a cada decisión y a cada silencio.

La historia sigue a Jorge Silva, un capitán que, de un día para el otro, queda atrapado en el engranaje del golpe de Estado que derroca a Salvador Allende. El hangar del destacamento se convierte en un centro de detención improvisado, donde comienzan a llegar presos políticos. Y ahí empieza el verdadero conflicto. Silva no es un héroe clásico. Es un hombre incómodo. Un testigo. Alguien obligado a participar en interrogatorios, a tomar declaraciones, a ser parte de un sistema que ya empieza a mostrar su costado más oscuro. Un sistema que exige obediencia. Pero también deja ver las grietas.

Sellato decide contar esta historia desde la intimidad. Desde lo mínimo. Con planos cerrados, con una cámara que se pega al rostro de Silva —interpretado con enorme solidez por Nicolás Zárate— o lo sigue por la espalda, pero no lo suelta. Ese rostro tenso, contenido, cargado de dudas, se convierte en el verdadero campo de batalla de la película.

El blanco y negro no es solo una decisión estética: acentúa el clima, endurece la imagen, refuerza esa sensación de encierro, de tiempo suspendido. Todo ocurre como en una larga noche —inevitable pensar en La larga noche de Francisco Sanctis— donde cada decisión pesa. Los interrogatorios, los diálogos incómodos, las miradas, los silencios. Todo construye una tensión constante.

Y alrededor de Silva, pequeñas capas que enriquecen el conflicto: una esposa que relata el horror vivido, un joven cadete que no puede sostener lo que está haciendo, militares que —como el histórico caso del coronel Bachelet— se negaron a acatar órdenes. Porque Hangar Rojo no solo habla del golpe. Habla de la obediencia debida. De la responsabilidad individual. De qué hacer cuando el sistema te empuja a cruzar un límite.

Sellato apuesta por un relato austero, contenido, pero potente. No hay grandilocuencia. No la necesita. El horror está en lo que se sugiere. Y en lo que sabemos que vendrá. Hangar Rojo es un thriller político sólido, incómod; una película que entiende que, a veces, el cine más potente es el que se mete en los pliegues de la historia.

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