Dentro de la Sección Noches Especiales del BAFICI, se llevó a cabo la Premiere Sudamericana de la película de Juan Martín Hsu.
Inspirada en hechos reales, Los caminantes de la calle de Juan Martín Hsu se mete en un terreno poco explorado por el cine argentino: el de las mafias chinas y su entramado dentro del interior del país. Ambientada en Mendoza, la película construye un relato coral que entrelaza tres historias atravesadas por un mismo conflicto: la disputa territorial entre organizaciones criminales que operan dentro de la comunidad china, vinculadas a la trata y al control de los negocios.
Por un lado, la investigación de la fiscal Belenger, interpretada con solidez por Victoria Almeida, que junto al inspector Li (Chien Min Lee) —llegado desde China— intenta descifrar una lógica que le es ajena, casi hermética. Esa dupla funciona como puerta de entrada a un universo cultural cerrado, donde las reglas no siempre son visibles. En paralelo, una familia dueña de restaurantes sufre la presión de la extorsión, quedando atrapada en medio de esa guerra silenciosa.
Y por otro lado, una joven víctima de trata, traída ilegalmente, cuyo destino se desvía cuando uno de los propios engranajes de la mafia decide ayudarla a escapar. Ahí aparece otra dimensión: la grieta interna, la posibilidad de humanidad dentro de un sistema brutal.

Hsu construye desde la paciencia. El ritmo es pausado, casi contenido, pero sostenido por una tensión que va creciendo de manera progresiva. Hay intriga, hay giros, hay muertes inesperadas, pero nunca desde el golpe efectista. Todo está medido.
Desde lo formal, la película apuesta a una estética estilizada que remite a cierto thriller clásico —inevitable pensar en Black Rain de Ridley Scott— con una construcción visual poco habitual en el cine argentino. Hay una delicadeza en el encuadre, en los climas, en cómo se filma la violencia sin necesidad de exagerarla.
Pero además, incorpora elementos de la cultura china que enriquecen el relato, no como decoración, sino como parte esencial del conflicto. La identidad, la pertenencia y el desarraigo aparecen de fondo en cada historia.
El resultado es un thriller policial que funciona desde la atmósfera, desde la construcción de mundo y desde una mirada que busca meterse en un territorio complejo sin simplificarlo. Los caminantes de la calle es una película atrapante, medida y visualmente cuidada. Un cruce entre cine de género y mirada social que amplía el mapa del cine argentino. Y eso ya la vuelve interesante.