Hablar de discapacidad en el cine nunca es sencillo. Encontrar la manera de abordar el tema sin herir susceptibilidades, sin caer en la compasión o en el golpe bajo, ya representa un desafío. Mucho más cuando la decisión es hacerlo desde la comedia, la ironía y un desparpajo que no pide permiso. Eso es lo que consiguen Sebastián Manusovich y Pablo Pintor con El Agonista, documental proyectado en el marco del 41.º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, dentro de la Competencia Argentina.
Sebastián «Tato» Manusovich tiene 50 años y sufre espasmos cerebrales que afectan su sistema nervioso y condicionan algunos aspectos de su vida cotidiana. O, al menos, eso es lo que uno podría suponer antes de conocerlo. Porque la película se encarga de desarmar rápidamente esa primera impresión y mostrar a un hombre que, a pesar de las dificultades, construyó una vida atravesada por los afectos, el trabajo, las amistades, las separaciones, una nueva pareja, el baile, las celebraciones y el sexo. Sebastián desea, disfruta, se enamora y se ríe de sus propios espasmos. Y lo hace con una naturalidad que descoloca cualquier mirada prejuiciosa.
La cámara lo sigue sin demasiados filtros y Sebastián tampoco parece tenerlos frente a ella. Se muestra desnudo, encara mujeres, comparte momentos de intimidad con su compañera de vida, posa sin pudor para ser retratado por pintores y deja entrar al espectador en sus sesiones de terapia. No hay vergüenza ni solemnidad. Hay una libertad llamativa para exponer su cuerpo y su intimidad, pero también una enorme autoestima y una capacidad de reírse de sí mismo que convierten al documental en una experiencia tan divertida como provocadora.
La película también incorpora registros de diez años atrás, cuando Sebastián les pregunta a sus hijos si están de acuerdo con que se someta a una operación para implantarse un chip en el cerebro que le permita controlar los espasmos y descansar mejor. Vera, la menor, se manifiesta en contra; su hermano, en cambio, le responde que haga lo que lo haga feliz. A ese material se suman los testimonios de su padre, su madre, sus hermanos, sus hermanas y sus amigos, quienes destacan la fuerza de voluntad con la que Sebastián fue rompiendo las barreras que se le presentaron a lo largo de su vida. La familia aparece así como uno de los grandes motores que lo sostienen y acompañan.
Pero El Agonista no es solamente una celebración de la alegría. También hay dolor. Los espasmos aparecen cuando menos se los espera y Sebastián convive con dolores que lo golpean de manera imprevisible. Esa dimensión le da profundidad al relato y evita que su vitalidad se convierta en una postal ingenua de superación personal. La película no oculta las dificultades ni pretende que el humor pueda resolverlo todo: muestra a una persona que disfruta de la vida, pero que también tiene que lidiar con un cuerpo que, por momentos, le impone sus propias reglas.
Y hay otra dimensión que el documental no deja afuera: la política. La fuerza de voluntad de Sebastián no debería ser una excusa para que el Estado se desentienda de sus responsabilidades. Su lucha cotidiana también se traslada a la calle, donde reclama por los derechos de las personas con discapacidad y denuncia la falta de acompañamiento de las políticas públicas. Porque una cosa es la capacidad individual de enfrentar obstáculos y otra muy distinta es que esas barreras se naturalicen por la ausencia de un Estado que debería garantizar derechos.
Emotivo, profundo, disparatado, atrevido y desfachatado, Tato se muestra como un cararrota entrañable, dueño de una sagacidad y un sentido del humor encomiables. El Agonista invita a revisar nuestra propia mirada y a preguntarnos por qué tantas veces pensamos a las personas con discapacidad desde sus limitaciones, en lugar de reconocerlas como sujetos con deseos, placer, autonomía y contradicciones. No objetos de compasión, sino personas que viven, aman, se equivocan, se divierten y también tienen derecho a reclamar. Un documental luminoso y valiente, que encuentra en la personalidad arrolladora de Sebastián a su mejor argumento. Una película de un artista para destacar.