Dentro de la Competencia Argentina del 41º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se estrenó el documental donde a través del archivo personal del fotógrafo Jorge Luengo, Román Cárdenas construye un retrato cercano de Diego Maradona.

¿Cuántos Diegos hubo en nuestras vidas? ¿Cuántas historias, anécdotas, polémicas y aventuras se pueden contar sobre Maradona? Pareciera que el universo alrededor de su figura es inagotable. Sin embargo, siempre queda algo por descubrir, alguna imagen que todavía no vimos o una historia que nunca terminó de contarse. El Diego que nadie vio, el documental de Román Cárdenas que pasó por la competencia argentina del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, encuentra justamente ahí su principal atractivo: en reconstruir una parte de la vida de Diego desde la mirada de alguien que estuvo muy cerca de él.
Ese alguien es Jorge Luengo, un fotógrafo que comenzó a trabajar para la revista Gente y que, durante los años noventa, terminó convirtiéndose en uno de los hombres más cercanos a Maradona. En una etapa particularmente compleja para Diego, marcada por sus problemas con las adicciones, las sanciones deportivas y los intentos por recuperar su vida, Luengo empezó a acompañarlo y a registrar buena parte de su intimidad. Lo que inicialmente podía parecer una relación profesional terminó transformándose en una amistad que atravesó distintas etapas de la vida del Diez.
A partir del archivo personal de Luengo, el documental reconstruye ese recorrido mediante fotografías, imágenes inéditas, testimonios y una narración a cargo de Juan Minujín. La película recupera distintos momentos de la vida de Maradona, desde su etapa posterior al retiro hasta sus años en Cuba y Dubái, pasando por sus frustraciones con la Selección Argentina y los episodios más delicados de su vida personal. También aparecen testimonios de personas que compartieron diferentes etapas con él, como Héctor Enrique y otros protagonistas de su círculo más cercano. El resultado es un recorrido que no pretende abarcarlo todo, sino seleccionar aquellos momentos que permiten entender una dimensión menos conocida de su personalidad.
Uno de los aspectos más interesantes es la construcción del vínculo entre Diego y Jorge. Maradona lo apoda «Indio», y a partir de ciertas experiencias personales compartidas se genera una conexión que va mucho más allá del trabajo. Luengo deja de ser simplemente el fotógrafo que documenta la vida de una celebridad para convertirse en un amigo, un confidente y, en ocasiones, alguien que debe estar presente en los momentos más difíciles. Esa relación es la verdadera columna vertebral de la película.
Porque lo que aparece en pantalla no es solamente el Diego caprichoso, inquieto, provocador y desbordante que tantas veces vimos en los medios. También está ese otro Maradona, el que necesitaba afecto, reconocimiento y compañía; el hombre que, detrás de una personalidad enorme, podía encontrarse atravesado por la soledad. El documental encuentra sus momentos más emotivos cuando abandona la imagen pública para detenerse en esos pequeños gestos y situaciones cotidianas que solamente alguien de su intimidad podía registrar.
Uno de los pasajes más conmovedores tiene que ver con la internación de Diego en Punta del Este, cuando su vida estuvo seriamente comprometida. Allí aparece una historia que permite dimensionar la cercanía de Luengo con la familia Maradona: su intervención para acompañar a Dalma y Gianinna durante aquel momento tan delicado. A través de una sesión fotográfica, intenta distraerlas y evitar que queden expuestas a una situación que podía resultar traumática. Es una escena que habla tanto de la gravedad de aquel episodio como del lugar que Jorge había conseguido ocupar dentro del círculo íntimo de Diego.
El valor de El Diego que nadie vio está precisamente en ese archivo. Las fotografías no funcionan únicamente como material ilustrativo para acompañar un relato biográfico, sino como documentos de una amistad. Cada imagen parece recuperar algo de aquella intimidad que normalmente queda afuera de las cámaras, incluso cuando hablamos de alguien cuya vida fue registrada hasta el último detalle. La película también permite recorrer una época, reconocer los cambios físicos y personales de Maradona y observar cómo fue atravesando distintas etapas, lugares y circunstancias.
Quizás existan miles de historias todavía por contar sobre Diego Maradona. Su vida fue tan extraordinaria, contradictoria y desbordante que difícilmente un documental pueda agotarla. Pero Román Cárdenas encuentra una puerta de entrada diferente: no intenta explicar al ídolo ni volver sobre los episodios más conocidos de su carrera, sino acercarnos al hombre que conoció Jorge Luengo. Ese Diego que no siempre aparecía frente a las cámaras, que necesitaba un amigo cerca y que encontraba en una fotografía, una charla o un gesto de complicidad algo parecido a un refugio.
El Diego que nadie vio es un documental potente y emotivo, que encuentra en la mirada de Luengo un valor testimonial enorme. Porque quizás nunca terminemos de conocer a Maradona, pero estas imágenes nos permiten acercarnos un poco más a ese hombre que tantas veces quedó escondido detrás del mito. Y, en una historia que parece haber sido contada infinitas veces, descubrir un Diego diferente ya es un mérito considerable.