Espiral: El juego del miedo continúa de Darren Lynn Bousman.

Protagonizada por Chris Rock, llega a los cines la nueva y novena entrega de la saga de terror creada por James Wan.

Chris Rock escribe y actúa en esta nueva entrega de la saga Saw.

Durante los últimos años, el universo de Saw viene dominando la industria del cine de del cine de terror. Desde su primera aparición en el 2004, la franquicia creada por James Wan es una fuente inagotable de sangre, agallas y terror, con el villano Jigsaw sometiendo a sus víctimas a horrorosos rompecabezas. Sin embargo, con el tiempo, la saga fue perdiendo la fuerza y originalidad de sus primeras ediciones, convirtiéndose en un muestrario de torturas y gore sin sentido. Pero la vuelta de Darren Lynn Bousman, un director de una trayectoria despareja en el género, pero responsable de las entregas 2, 3 y 4 de la saga, quizás las últimas que mostraban algo distinto al gore explícito.

Esta nueva entrega nos trae a Chris Rock, quien interpreta al detective Zeke Banks, un buen policía en un sistema corrupto, el extraño en la comisaría que mató a un policía corrupto y que es mirado con malos ojos por sus compañeros. El hecho de que su padre fuera el exjefe de policía Marcus Banks (Samuel L. Jackson) no le facilita las cosas. Después de que una operación encubierta salió mal, la capitana Angie Garza (Marisol Nichols) le asigna a Banks su propio socio para mantenerlo alejado de problemas, el detective novato William Schenk (Max Minghella), un policía con ambiciones propias. Poco después de que Banks y Schenk se asocian, comienzan los juegos. Cabe decir que, previo a esto, la película comienza con una clásica escena de tortura de Saw bastante fuerte. 

De la misma manera que las anteriores entregas, Spiral tiene dispositivos de muerte nuevos y creativos para excitar a los fanáticos de la saga. Darren Lynn Bousman sabe cómo cumplir con las espeluznantes expectativas. El problema de Spiral es el manejo de las motivaciones del asesino y el misterio detrás de él; no se maneja mal ni es tonto, solo es simplista y fácil de detectar. Aunque esta vez, a diferencia de otras entregas, el asesino tiene como objetivo la corrupción policial. Es por eso que existe un tema subyacente sobre la aplicación de una ley sin restricciones y Chris Rock interpreta a un policía honesto, constantemente apuntado por ser sincero y no cubrir a sus corruptos compañeros. Un tema candente en tiempos de división política que será interesante ver si algunos fanáticos se ofenden con la forma en que se retrata a la policía.

Por lo demás, no hay nada nuevo en la franquicia, solo las novedosas escenas de violencia gráfica (los fanáticos saldrán contentos aunque tengan menos dosis) y un enfoque cómico distinto, gracias a la presencia de Chris Rock, pero desperdicia a Max Mighella (The Handmaid´s Tale) en un papel secundario algo desdibujado. Dejando la sensación de ser una película que funciona mejor como puntapié inicial de lo que está por venir que por peso propio.

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