Antidisturbios de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen.

Llegó a HBO Max, la serie española de los creadores de la película El Reino y producida por Movistar +.

Vicky Luego y Raúl Arévalo protagonizan Antidisturbios.

De la misma manera que Antidisturbios, vamos directo a la acción o sea a hablar de la serie. Esta que nos mete de lleno, sin preámbulos, en medio de un equipo de antidisturbios llamado para ejecutar un desalojo en el centro de Madrid, un desalojo más que complicado, lleno de tensión y violencia, el cual acabará con la trágica muerte de un inmigrante. A raíz de ello, Salvador Osorio (Hovik Keuchkerian) y el resto de furgón “Puma 93” reciben la visita de Asuntos Internos después de que se abra una investigación para determinar si alguno de ellos ha actuado de forma negligente. Pese a sus múltiples esfuerzos, ni Laia Urquijo (Vicky Luengo) ni sus compañeros consiguen sacar nada que les sirve para armar un caso en su contra, hasta el momento en el encuentran un vídeo del desahucio que cambia por completo la situación. Tanto el mencionado máximo responsable del equipo como sus chicos, Diego (Raúl Arévalo), Álex (Álex García), Úbeda (Roberto Álamo), Rubén (Patrick Criado) y Bermejo (Raúl Prieto), un agente recién llegado a la UIP, son duramente sancionados y acusados de homicidio imprudente. Rubén incluso es expulsado del cuerpo.

Pero, aunque todo parece resuelto y Asuntos Internos se prepara para cerrar definitivamente la causa, Laia sigue obsesionada con que algo se les escapó en su momento. Convencida de que hay algo más en todo esto y pese a las constantes advertencias de su superior directo, Moreno (Tomás del Estal), un tipo de la vieja escuela con el que nunca se ha acabado de entender, de que se centre en lo suyo y deje estar el maldito desahucio, ella decide seguir investigando por su cuenta. Mientras tanto, los antidisturbios, conscientes de que pueden acabar en la cárcel sino toman alguna medida drástica y rápida optan por hacerle caso a Rosales (David Llorente), el tío de Álex, subjefe de Antidisturbios y ponerse en contacto con Revilla, un policía retirado, tan poderoso que es capaz de “arreglar” cualquier tipo de problema. A la vez que la serie desarrolla ambas tramas, también se toma su tiempo para examinar las vidas privadas de sus protagonistas, todas ellas llenas de problemas, conflictos y comportamientos erráticos que no hacen más que acabar de complicar sus respectivas realidades.

Estructuralmente, la serie se divide en seis capítulos en tres partes. Cada una compuesta por dos de ellos, donde se aplica de una forma más que eficaz la clásica contextura de planteamiento, nudo y desenlace. Poco a poco, con el paso de los mismos, los antidisturbios y la trama del desalojo van dejando paso a Laia y a su investigación. Sin pausa, nos conduce al momento en el que todo estalla, cuando descubrimos cual es su caso principal. El instante en que la testosterona deja paso a una compleja trama de corrupción inmobiliaria, cuyo dos últimos episodios de la serie sirven como un intenso thriller en el que todo lo visto hasta entonces se pone en juego, incluso el futuro de los seis antidisturbios.

La polémica puede surgir en la mirada que la serie puede tener sobre las fuerzas policiales. Los agentes que vemos tienen casi todo lo malo que podríamos imaginar: violentos, machistas y racistas, aficionados a las drogas y a la bebida; prepotentes y propensos a abusar de su autoridad. Pero es sabido que a Rodrigo Sorogoyen siempre le han atraído los temas incómodos, ya lo ha hecho en el 2018, en su película El Reino al meterse en el sucio terreno de la política. Acá, el director logra meternos en la piel de estos agentes, sobretodo en el primer capítulo, cuando decide narrar el famoso desalojo desde su punto de vista, pidiéndonos que, al menos intentemos, comprender lo que implica tener que enfrentarse a situaciones tan tensas y problemáticas.

Pero dejando la polémica de lado, Antidisturbios es un thirller político-policial intenso y dinámico, que no da respiro. Tiene un aire caótico símil El Colapso de Les Parasites, ya que elige contar la historia con una inquieta cámara en mano y mucho plano secuencia para las escenas de acción, a la vez que nos mete de lleno en los conflictos internos con primeros planos de interrogatorios que pueden llegar a costar en un principio pero que son funcionales para narrar los hechos y meternos en la piel de los personajes, donde los malos no son tan malos como parecen y los buenos no son tan buenos como dicen ser.

Párrafo aparte para el gran descubrimiento de la serie, su protagonista Vicky Luengo. Su interpretación de Laia, encierra un magnetismo único y cada una de sus escenas gozan de una envidiable naturalidad y realismo, ya sea los momentos de suspenso, los de indignación ante la injusticia y en los que debe sacar la parte más oscura del personaje para descubrir todo el entramado de corrupción que existe detrás del violento desalojo.

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