Maligno de James Wan.

Luego de su paso por las salas argentinas llega a HBO Max la nueva película del creador de Saw y El Conjuro, quien vuelve a incursionar en el género de terror.

Annabelle Wallis protagoniza la nueva película de James Wan.

Si bien James Wan se ha consolidado como director de cualquier género dentro del cine, incluidas las películas de superhéroes, él, como muchos, se inició en el género de terror. Aunque muchos de los que comienzan allí pasan a otras cosas, Wan nunca ha dejado atrás el cine de terror, incluso Aquaman mostró algo de la influencia del horror de Wan. Ahora, mientras trabaja filmando la esperada secuela del superhéroe acuático de DC comics, llega los cines su vuelta al terror más puro con Maligno.

Ahora, ¿Cómo se habla de Maligno sin entrar en los detalles?. La esencia de la película es que su protagonista, Madison (Annabelle Wallis) experimenta momentos de parálisis que la trasladan a las escenas del crimen de un asesino despiadado, así de sencilo. Con una breve intro donde nos muestra al personal de una clínica psiquiátrico luchando con un incontrolable paciente, el film pega un salto en el tiempo, donde vemos a la protagonista cursando un embarazo complicado. Luego de ser víctima de la violencia de su pareja, que los lleva a dormir separados, ambos son atacados por una siniestra entidad fantasmal. Sin tanto preámbulo, a partir de ahí, Madison tendrá esas visiones de asesinatos mientras suceden en tiempo real y comenzará a luchar, junto a su hermana Sidney (Maddie Hasson) y dos policías, para dar con el culpable, que tiene que ver con el pasado de la protagonista.

Pero que entremos directos en la dinámica de la historia, no quiere decir que Maligno sea ​​demasiado acelerada. Existe un marcado equilibrio entre secuencias de terror visceral con otros de terror lento y calculado. Del mismo modo, hay suficiente enfoque en los personajes y sus relaciones para generar una empatía adecuada con los personajes principales. Aún así, decir que se trataba de un juego de terror estándar sería falso. Al igual que hizo con Saw, The Conjuring e Insidious (2010), James Wan se esfuerza por crear una película que sirva como carta de amor al cine de terror pasado y como una historia única para la nueva generación de amantes del género. 

El director vuelve a demostrar su mano maestra para filmar escenas de terror pero también de pura acción. La cámara inquieta y algunos enfoques, como ese plano secuencia cenital de la protagonista huyendo por las distintas habitaciones de la casa o la asombrosa escena de transformación final y su posterior desenlace dentro de la celda; son una muestra más de la creatividad del director, más allá de algunos detalles que pueda tener el guión o la no muy acertada decisión de meter un poco de comedia en la historia.

La elección de Seattle como única locación y sus pasajes subterráneos le brinda a Wan la posibilidad de usar la ciudad cuna del grunge como metáfora del conflicto de la protagonista. Víctima de un incendio en 1889, la ciudad se reconstruyó encima de las antiguas calles y viejas edificaciones siniestradas, quedando un recorrido llamado Seattle Underground por debajo de la ciudad, que son usados para una de las principales escenas de persecución.

Al igual que en las producciones anteriores del director. Joseph Bishara, vuelve a hacerse cargo de la musicalización. Pero esta vez sorprende, con una gama de estilos en todas partes. Sonidos que van desde bajos oscuros y zumbantes hasta violines punzantes, pasando por un tema de onda sintética sacado directamente de un giallo de los 80, hasta un magnífico conjunto orquestal. La variedad y complejidad del trabajo coincide con la gama tonal de la película y es uno de los factores clave que utiliza la película para transmitir suspenso y tensión.

Salvaje y con un final a puro trash. Maligno está compuesta del gore y la violencia de la primera Saw, mezcla elementos estéticos del cine giallo con delirios fantásticos que rozan lo bizarro del J-horror asiático. Es un combo imaginativo de terror y fantasía que abruma, desconcierta y no da respiro. Una novedosa vuelta del director malayo al terror que, a pesar de tener algunos elementos de sus producciones anteriores, muestra una llamativa versatilidad para no quedar encasillado dentro de un subgénero.


Nuestra puntuación
Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *