Este jueves se estrena en cines la película de terror dirigida por Curry Baker que viene cosechando elogios.
Luego de construir una comunidad de culto desde YouTube con cortos virales y proyectos independientes como Milk & Serial, Curry Barker da el salto definitivo al largometraje con Obsesión, una película que toma una premisa aparentemente romántica para convertirla en una experiencia incómoda, turbia y profundamente perturbadora. Barker, que ya venía demostrando un talento especial para manejar la tensión y jugar con el terror psicológico desde lo cotidiano, encuentra acá una voz mucho más madura y oscura.
La historia sigue a Bear, interpretado por Michael Johnston, un joven atrapado en esa zona gris de la friendzone con Nikki, una compañera de trabajo de la que está enamorado hace años. El problema no es solamente que ella no lo vea de la misma manera, sino que él tampoco puede verbalizar lo que siente. Tiene miedo a perder el vínculo, a destruir esa amistad íntima y cotidiana que construyeron juntos. Vive atrapado en el silencio, en lo que no dice, en lo que reprime. Pero un día encuentra un extraño objeto sobrenatural: una especie de vara, llamada «el sauce del deseo” capaz de cumplir aquello que quien la rompe anhela más profundamente. El deseo de Bear es simple… o al menos eso cree: convertirse en lo que Nikki más ama en el mundo.
Lo que comienza ahí es una pesadilla. Porque Nikki cambia. Y cambia de una manera abrupta y aterradora. Su amor deja de ser afecto para convertirse en obsesión absoluta. Ya no existe nada más fuera de Bear. Él pasa a ser el centro de su universo, el único sentido posible de su existencia. Barker utiliza esa transformación para hablar de relaciones tóxicas, dependencia emocional, pérdida de identidad dentro del amor y del peligro de romantizar vínculos enfermizos. Obsesión entiende algo muy interesante: que muchas veces el terror más perturbador nace de los deseos cumplidos.

Credit: Courtesy of Focus Features / © 2026 FOCUS FEATURES LLC
La película mezcla comedia negra, gore, violencia incómoda y un clima enfermizo que va creciendo escena tras escena. Hay momentos grotescos, otros directamente inquietantes y algunos donde el horror aparece desde lo emocional antes que desde la sangre. Indie Navarrete construye un personaje realmente siniestro, alguien capaz de pasar de la ternura a la amenaza en cuestión de segundos, con una presencia física y una mirada que Barker potencia constantemente desde la oscuridad, los silencios y los encuadres cerrados.
En seguida aparecen conexiones inevitables con películas como Deadly Friend de Wes Craven o incluso con propuestas más recientes como Together, donde el amor y la codependencia se transforman en monstruos emocionales. Pero Barker no copia: absorbe influencias y las reinterpreta desde una sensibilidad muy contemporánea, marcada por vínculos frágiles, aislamiento emocional y la incapacidad de comunicarse genuinamente.
Lo más interesante es cómo el director convierte algo tan universal como el miedo al rechazo en horror físico y psicológico. La obsesión de Nikki funciona casi como una manifestación monstruosa de aquello que muchas veces se romantiza: la idea de pertenecer completamente al otro. Y ahí es donde la película se vuelve más incómoda, porque entiende que el amor llevado al extremo puede ser una forma de destrucción.
Con Obsesión, Curry Barker confirma que no es solamente “el director surgido de YouTube”. Hay una identidad visual, una manera de construir atmósferas y una capacidad para incomodar que lo posicionan como una de las voces jóvenes más interesantes del terror actual.