Solo por una noche: el amor en la noche menos romántica del año

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Este jueves se estrena en cines argentinos la comedia romántica protagonizada por Mónica Barbaro y Callum Turner.

Para que una comedia romántica funcione hacen falta algunas reglas básicas: protagonistas con química, personajes carismáticos, una buena banda sonora, una dosis de cursilería y, por supuesto, un final feliz. Pero también hace falta algo más difícil de conseguir: una premisa que permita contar una historia conocida desde un lugar diferente. Y ahí es donde Solo por una noche, la nueva película de Will Gluck —director de Easy A, Bad Teacher y Anyone But You— encuentra su principal atractivo.

La película imagina una Nueva York ultraconservadora, ligeramente diferente a la nuestra: en esta sociedad, las personas solteras tienen prohibido mantener relaciones sexuales durante todo el año y solamente disponen de una noche para hacerlo, gracias a esa medida de control extremo, ellos aducen haber logrado bajar el embarazo adolescente y las enfermedades de transmisión sexual. Una especie de La purga, pero reemplazando la violencia por el sexo. El Estado controla los niveles de dopamina de los ciudadanos mediante tecnología y quienes incumplen las reglas pueden terminar en prisión. Dentro de ese particular escenario aparecen Owen (Callum Turner), un pizzero cuya novia (Maya Hawke) lo deja para intentar explorar nuevas relaciones; y Allie (Monica Barbaro), una cantante de jingles publicitarios de una empresa farmacéutica (hay una divertida versión de A Thousand MIles de Vanessa Carlton en modo publicidad). Dos desconocidos que llegan a esa noche con objetivos muy diferentes: él busca sexo casual; ella, encontrar al amor de su vida.

A partir de ahí, Gluck convierte esas pocas horas en una suerte de carrera contrarreloj por Nueva York, donde los protagonistas se cruzan, se pierden, vuelven a encontrarse y atraviesan fiestas, situaciones absurdas y personajes tan disparatados como los que exige una noche en la que millones de personas intentan resolver, de golpe, aquello que durante todo el año tienen prohibido. La noche de libre albedrio llega a tal extremo que la escasez de condones es uno de los principales leit motiv de la pareja protagonista. La película juega con el sexo, el amor, las relaciones modernas y esa desesperación por encontrar compañía, pero lo hace desde el terreno de la comedia romántica más clásica.

El gran motor es la química entre Turner y Barbaro. La actriz, que ya había demostrado su enorme carisma como Joan Baez en Un completo desconocido y en Top Gun: Maverick, vuelve a demostrar que puede moverse con comodidad entre el humor y la vulnerabilidad. Turner acompaña con un personaje más torpe y desorientado, y juntos consiguen que el recorrido funcione incluso cuando el guion cae deliberadamente en algunos de los lugares comunes del género.

También hay una interesante decisión estética: Solo por una noche transcurre prácticamente como una película de una sola noche, heredera de esas historias de personajes que recorren una ciudad mientras todo puede suceder en cuestión de horas. Hay algo de Después de hora, de Scorsese, en esa carrera caótica por Nueva York, aunque aquí el peligro sea mucho menos oscuro y bastante más romántico. La banda sonora termina de darle energía al recorrido, con canciones de Wet Leg, Robyn, Jungle, King Princess, Air Supply y New Radicals.

Quizás Solo por una noche caiga en las clásicas convenciones de la comedia romántica, pero sí encuentra una manera fresca de volver a recorrer sus caminos conocidos. Hay caos, situaciones irrisorias, encuentros inesperados y humor, pero sobre todo hay dos personajes intentando descubrir qué quieren realmente en una sociedad que parece haber convertido hasta el amor en una cuestión de calendario.

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