La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros, volver al Más Allá

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Este jueves se estrena en cines argentinos, una nueva entrega de la clásica saga de terror poducida por Blumhouse.

Con idas y vueltas, aciertos y algunos tropiezos, La Noche del Demonio (Insisdious) consiguió algo que no todas las franquicias de terror alcanzan: construir una mitología propia. Creada por Leigh Whannell, producida por Blumhouse y con James Wan detrás de las dos primeras entregas, la saga se convirtió en una heredera del terror paranormal que películas como Poltergeist, de Tobe Hooper, habían llevado al gran público, pero encontró su propia identidad alrededor de El Más Allá, ese limbo donde las almas quedan atrapadas antes de desaparecer. Después de cinco películas y del cierre de la historia de los Lambert en La Puerta Roja (2023), la saga vuelve a empezar con una nueva familia.

La protagonista es GeMma (Amelia Eve), una joven madre que regresa a la casa donde creció junto a su hija. Desde el comienzo, el pasado vuelve a hacerse presente: de niña fue testigo de un acontecimiento traumático relacionado con su madre y, veinte años después, las imágenes de aquel momento reaparecen en sus sueños. Gema descubre entonces que heredó una capacidad similar a la que alguna vez tuvieron Josh y Dalton: puede entrar en El Más Allá mientras duerme. Pero su habilidad tiene una particularidad todavía más peligrosa: no solo puede ingresar a ese mundo, sino también traer de allí objetos y entidades al mundo de los vivos. Y eso la convierte en un objetivo para las fuerzas que habitan ese lugar.

El nuevo demonio, Cyrus Lam, intentará aprovechar esa capacidad para conseguir que los muertos puedan regresar a nuestra realidad. Allí vuelve a cobrar importancia una de las figuras fundamentales de la franquicia: Elise Rainier, interpretada nuevamente por Lin Shaye, que ya parece haber convertido su existencia en una lucha permanente dentro de El Más Allá para impedir que los demonios continúen atormentando a quienes poseen esa sensibilidad. Su presencia funciona además como un puente con la mitología construida durante las películas anteriores.

Jacob Chase construye sus mejores momentos cuando consigue que sueño y realidad comiencen a confundirse. La atmósfera es efectiva durante el comienzo, con algunas escenas muy bien resueltas —como la del túnel de almohadones o las situaciones de terror vinculadas al consultorio odontológico— donde el miedo surge más de aquello que puede aparecer detrás de un espacio cotidiano que de la necesidad de mostrar permanentemente al monstruo. También hay buenos jumpscares y una apuesta por los efectos prácticos, el maquillaje y la construcción física de las criaturas, algo que se agradece en un género cada vez más dominado por el CGI.

El problema aparece cuando la película decide instalarse definitivamente en El Más Allá. Allí, entre puertas que se abren y se cierran, planes para impedir que los demonios crucen al mundo real y sucesivas idas y vueltas, el clímax comienza a extenderse más de lo necesario. La película vuelve, además, sobre algunos conceptos que la saga ya exploró varias veces: los traumas familiares, aquello que permanece abierto aunque intentemos dejarlo atrás y la necesidad de enfrentarse con un pasado que nunca termina de desaparecer. Son ideas que forman parte del ADN de Insidious, pero que acá tampoco encuentran una vuelta particularmente novedosa.

Y esa es, probablemente, la principal virtud y el principal defecto de esta sexta entrega. La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros no pretende reinventar la saga ni modificar las reglas de su universo. Al contrario: vuelve a ellas con bastante fidelidad. La diferencia está en que esta vez encuentra un elenco más sólido y actuaciones más convincentes que las de las últimas entregas, con Amelia Eve sosteniendo buena parte del relato y Lin Shaye funcionando nuevamente como ese rostro familiar que conecta esta nueva historia con las anteriores.

La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros termina siendo, entonces, una nueva visita a un territorio conocido. Tiene buenas atmósferas, algunos momentos genuinamente inquietantes, efectos prácticos que aportan materialidad al horror y una mitología que sigue teniendo capacidad para generar historias. No hay demasiado nuevo bajo ese sol, pero tampoco una necesidad de reinventar aquello que todavía funciona. Después de seis capítulos, quizás ese sea el mayor mérito de la saga: seguir encontrando puertas para volver a entrar a El Más Allá sin terminar de cerrarlas nunca.

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