A Ghost Waits de Adam Stovall. Crítica.

Para ver online se encuentra esta sorprendente comedia de terror que en su simpleza rememora grandes clásicos del género.

MackLeod Andrews y Natalie Walker protagonizan esta novedosa historia de amor.

Si hay algo que sabemos los argentinos es arreglarnos con poco, somos especialistas en lograr grandes cosas con pocos recursos. En el cine nacional se puede apreciar con mayor regularidad, los presupuestos son acotados y hay que rebuscárselas con lo que venga. Para que eso salga bien, tienen que haber buenas ideas pero sobre todo mucha pasión y amor por lo que estamos haciendo, algo que se suele ver reflejado en el producto final. Algo de eso pasa con A Ghost Waits, la entrañable comedia de fantasmas independiente de Adam Stovall.

Todo comienza cuando Jack (MackLeod Andrews), el personal de mantenimiento cuya tarea es renovar una casa de alquiler abandonada, descubre qué los inquilinos siguen saliendo en masa: esta casa está encantada. El fantasma (o agente espectral como ella prefiere que la llamen) es Muriel (Natalie Walker), empleada desde más allá del velo para mantener la casa vacía. Contra todo pronóstico, a pesar de pertenecer a mundos distintos, Jack y Muriel descubren que tienen mucho en común. Habiendo encontrado un espíritu afín en una existencia que de otro modo sería solitaria, deben luchar por su nuevo afecto a medida que aumenta la presión para que cada uno de ellos cumpla con sus ‘propósitos contrarios

Elijo contarla así, porque si uno es líneal con el relato y como se van dando los hechos uno pensará que estamos ante una película de terror, donde un un joven llega a una casa y es acechado por un fantasma. Pero no, A Ghost Waits no es una simple película de terror, es una historia de amor, pero no una historia de amor cualquiera. Algunos pueden verla negativamente, afirmando que está proclamando el suicidio. Pero la realidad es que el film solo presenta a dos personajes cuyas circunstancias son tales que quitar la vida puede haber sido la única forma de salir de una existencia triste y deprimente, pero eso no necesariamente traduzca que estos narradores están defendiendo tal posición para todos los que miran. Puede haber funcionado para estos dos personajes, pero esta es una fantasía filmada y debemos entenderla como tal.

¿El film tiene limitaciones? Si, por supuesto, las propias de una realización independiente. Pero su furioso blanco y negro las esconde, ya que aprovecha las luces y las sombras, junto con un simple maquillaje para darle a los personajes un aspecto fantasmal. La creación de Stovall postula una existencia casi de fábrica, con un presupuesto que no permitió un puñado de extras que podrían haberle dado mayor profundidad a las secuencias de terror, pero eso no es necesario; sobre todo porque la forma en que Stovall y compañía lo manejan hacen que se sienta como un entorno de teatro adaptado a la pantalla grande que termina siendo efectivo. También tiene un sinfín de referencias o similitudes a clásicos del cine que la hacen doblemente agradable: el universo símil Bettlejuice de Tim Burton, un abordaje de la locura y la soledad que recuerda de Evil Dead de Sam Raimi y The Shinning y una idea conceptual similar a Defending Your Life de Albert Brooks sobre que la otra vida es una construcción completa de una entidad comercial en la que incluso los muertos aún tienen trabajo por hacer.

Por eso A Ghost Waits no es una simple historia de amor, es más compleja. Tiene un estudio sobre la pareja y sobre la soledad bajo ese camuflaje de fantasmal relato gótico interesante y divertido. Su pegadiza música indie cuyas letras se entremezclan con el relato, buenos diálogos y actuaciones convincentes, a pesar de sus carencias, la convierten en una película con todos los condimentos necesarios para transformarse en una cinta de culto.

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