El Ejercito de los Muertos de Zack Snyder. Crítica

Se estrenó en Netflix, la nueva película de zombies del director de 300, El Amanecer de los muertos y Sucker Punch.

Dave Bautista encabeza la legión de mercenarios encargados de llevar adelante una misión suicida en tierra de zombies

Luego de estrenar el esperado Snyder Cut´s Justice League, Zack Snyder vuelve al universo de los zombies. El mismo que lo lanzó al estrellato luego de la sorprendente remake, Dawn of the Dead. El film que logró captar la esencia de la versión original de George Romero de 1978, adaptándola a la modernidad con el beneficio de una mejor tecnología en efectos especiales. 300, Watchmen, Sucker Punch, Man of Steel, Batman v Superman: Dawn of Justice y una de mis preferidas, la película de animación Ga’Hoole: La Leyenda de los Guardianes, forman parte de una filmografía irregular pero que nunca pasa desapercibida. Esta vuelta a las fuentes lo traen al director con mayor conocimiento de universo, con lo cual esperábamos que el director haya podido encontrar un equilibrio equitativo entre humor, seriedad y continuar con su etiqueta de «grimdark» de sus films.

Todo comienza con un convoy militar que transporta carga desconocida (presumiblemente del Área 51) a través del desierto de Nevada. Todo va muy bien hasta que se estrella, la carga se escapa y todos son mordidos. Los zombis se mudan a Las Vegas, convirtiendo a todos a su paso, en uno de los mejores montajes en cámara lenta de Snyder y, meses después, toda la ciudad queda atrincherada como zona restringida. Luego, el dueño de un casino llamado Bly Tanaka (Hiroyuki Sanada) aparece en una hamburguesería para encargar a uno de los asesinos de zombies, Scott Ward (Dave Bautista) que reúna un equipo para una misión secreta por la que cobrará mucho dinero. Ward recluta a un grupo de amigos: los cazadores de zombis Maria Cruz (Ana de la Reguera) y Vanderohe (Omari Hardwick), un influencer que es la sensación viral matando zombis, Mikey Guzman (Raúl Castillo), un ladrón de cajas fuertes alemán, Ludwig Dieter (Matthias Schweighöfer) y la piloto de helicóptero Marianne Peters (Tig Notaro, que reemplaza digitalmente al comediante Chris D’Elia). Su misión: irrumpir en la bóveda del casino de Tanaka y rescatar doscientos millones de dólares en efectivo que aún están almacenados en el interior, asegurándose de entrar y salir sin que se coman a nadie y antes de que el gobierno lance bombas nucleares tácticas para borrar del mapa Las Vegas y sus habitantes cadáveres.

En las afueras de la ciudad se encuentra el campo de cuarentena que parece ser un sustituto de los campos de internamiento de Estados Unidos a lo largo de la frontera con México, aunque la política de esta película es tan confusa que es difícil saber cuándo en realidad quiere bajar línea o denunciar algo. Mientras la zona atraviesan se reúnen con la hija de Ward, Kate (Ella Purnell), una voluntaria humanitaria decidida a salvar a su amiga que se aventuró a través de la barricada el día anterior, desesperada por encontrar dinero para salir del campamento. Ward y Kate están separados porque él tuvo que matar a su madre después de que fue mordida por un zombi. También encuentran a un coyote, Lilly (Nora Arnezeder), que los guíará a través de un camino secreto más allá de la barricada hasta Las Vegas, y ahí comienza lo más entretenido.

Porque hay que admitirlo, cuando Army of the Dead se enfoca en el entretenimiento, es muy divertida. Logra mezclar una mitología zombi similar al juego The Last of Us (hay dos tipos diferentes de zombies, «shamblers» sin sentido y «alfas», zombies inteligentes controlados por un rey y una reina zombies), no deja de lado el requisito sangriento y gore, ni se olvida del salpicado de sangre de los disparos a la cabeza lo que funciona perfecto para el deleite de quienes disfrutamos este tipo de films. Se siente más cómodo con sus secuencias de acción (que son muchas y sorprendentes), y menos con la construcción de una narrativa que marque la línea entre lo convincente y lo estúpido, como tienden a hacer las mejores películas de zombies. En el medio, hay un par de giros inesperados que aumentan la apuesta: un cómplice que Tanaka envía con el grupo que está buscando algo mucho más valioso que el dinero y en presidente que decide adelantar la fecha del ataque con misiles, a pesar de que sería patriótico hacerlo el 4 de julio. También tiene muchos chistes alemanes a expensas de Dieter y revive al tigre blanco zombie como un remanente del orgullo de Segfried y Roy, pero toda esa diversión y aciertos se ve socavada por la falta de humor y un vano intento hacia la construcción de algún tipo de relación interpersonal entre los personajes que da como resultado un final más frustrante que emocional.

La música vuelve a ser un componente fuerte dentro del una película de Zack (como olvidar ese inicio de Watchmen con The times they are a-changin‘ de Bob Dylan o Babydoll luchando al ritmo de Army of Me de Bjork en Sucker Punch, entre otras). Esta vez con un variado repertorio de temas de Elvis Presley, Control Machete, The Ravonettes, el clásico «Viva Las Vegas» de Richard Cheese and Allison Crowe y dos temas que se corresponden con la situación exacta: Do You Really Want to Hurt Me de Culture Club como música de ascensor (junto con la sala de espera parece ser su zona de confort) y la versión acústica de Zombies de The Cranberries en el final.

El tema es que, a pesar de tener sus momentos de inspiración genuina, Army of the Dead se encuentra empantanada por dinámicas de personajes extraños, bromas forzadas y momentos de ritmo lento, más interesada en jugar con conceptos divertidos que en ser una película divertida. Quedando a mitad de camino entre lo que podría haber sido una interesante secuela de Dawn of the Dead de haber ahondado en aspectos como los zombies alfas, para convertirse en un film más dentro del amplio repertorio de películas sobre muertos vivos cuya única premisa es entretener.

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