Chemical Hearts de Richard Tanne.Crítica.

Producción exclusiva de la plataforma streaming, en el día de ayer Amazon Prime estrenó un agridulce drama romántica en el limbo de la adolescencia.

Austin Abrams y Lili Reinhart protagonizan Chemical Hearts.

Cuesta hacer un drama romántico en estos tiempos sin caer en los clichés propios del géneros. Un formato que se repite una y otra vez, a pesar de las diferentes formas de relacionarse, ya sea chico-chica, chica-chica o chico-chico. Mucho más dentro del la abordaje del amor en la adolescencia, algo que se ha hecho mucho últimamente. Ahí es donde apunta llegar Chemical Hearts, a ese amor adolescente, a esa revolución hormonal que produce a llegada inesperada del amor en la adolescencia.

El film está contado desde la mirada de Henry Page (Austin Abrams), un joven que siempre ha querido ser escritor. En ese afán de ser escritor cuenta en off que nunca le haya pasado nada, siendo una frustración por no tener nada interesante que contar. Hasta que conoce a la nueva chica en la escuela, Grace Town (Lili Reinhart). Grace camina con un bastón, lee a Pablo Neruda por diversión y tiene un pasado turbio. Aparte del deseo de Henry es ser escritor, tiene el extraño hobby de hacer Kintsukuroi, arte  japonés de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto. Grace y Henry son elegidos como coeditores del periódico escolar y se ven obligados a trabajar juntos de cerca.

Hay algo en la actitud de Grace que a Henry le resulta atractivo, por fuera de su belleza, por lo que comenzará a enamorarse de ella. Pero el pasado de Grace esconde una tragedia: en un accidente automotor su novio perdió la vida y ella quedó con dificultades motrices. Pero, así como los japoneses entienden el kinstukuroi o kintsugi como el arte de reparar cuando algo ha sufrido un daño, es también un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hacer que las antiguas vasijas pegadas sean aún más valoradas que las que nunca se han roto. Si trasladamos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos, esos vínculos lastimados, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes. Por fuera de ser el primer amor de Henry, es la manera como ve a Grace, una persona herida y con cicatrices que la hacen más bella para el joven enamorado, o un jarrón que el joven quiere reparar según la mirada de Grace. Un dilema que se presenta a través del film, que, combinado con el limbo adolescente (como ellos llaman a su estado emocional actual) provocan un sinfín de sensaciones.

Durante toda la película veremos a Grace a través de los ojos de Henry. Ella se mostrará distante en un principio, más cercano con el correr de la película. Algunas veces intensa con el joven, otras más dócil y cariñosa, pero siempre con una química especial entre ambos, aún en el rechazo. Una muestra de que el dolor de ella no tiene que ver con Henry, sino como una cicatriz que está terminando de cerrar y que Henry se empecinará en curar. Así los jóvenes despliegan todo una marea de sentimientos propios de la edad con actuaciones convincentes, sumado a un acompañamiento musical entre folk e indie que le dan una particular estética de película independiente.

Con esa singular mirada aborda de manera realista la problemática adolescente teniendo en cuenta la particularidad del caso y el drama que esconde Grace, que es lo que la hace distinta a otras películas del género. Lo que hace de Chemical Hearts un agradable ejercicio de conocimiento de la mente juvenil que se sostiene en la química de los protagonistas. Un film que nos mantiene en la incertidumbre de saber como concluirá la relación de Henry y Grace y que evita caer en lugares comunes sin distanciarse demasiado de la fórmula tradicional de los dramas románticos adolescentes..

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