Colectiv de Alexander Nanau.

Llega a HBO Max el documental rumano nominado al Óscar a mejor película de habla no inglesa y mejor documental. Un film que relata las derivaciones de una tragedia que fue capaz de tumbar al gobierno de Rumania pero a la vez insuficiente para transformar el sistema que se cobró decenas de vidas.

Una de las víctimas del incendio acompaña de forma intermitente la historia

Al cabo de los primeros seis minutos del film se muestra, en una filmación hecha con un celular por una de las personas asistentes al concierto, como el cantante de la banda Goodbye to Gravity termina de interpretar uno de sus temas y al instante se inician unos chispazos a los costados del escenario, sin quedar claro si eran parte del show . Al apagarse éstos, el líder del grupo de heavy metal señala que había «un poco de humo allí». Tanto él como el público dirigen sus miradas hacia el techo, a la vez que otro chispazo hace su aparición. El líder de la banda aclara que eso no es parte del show. Empiezan a escucharse vidrios que explotan y la cámara busca enfocar las incipientes llamas mientras desde el escenario preguntan si no hay un matafuego cerca. Tres segundos después la pregunta pierde sentido: el fuego se dispara y comienza a devorar todo a su paso mientras Godbye to Gravity huye despavorida hacia camarines. La cámara cae al suelo. Todo se oscurece. Los gritos y la desesperación anticipan el final. Veintisiete personas muertas en el acto y 180 internadas en el hospital. El lugar, la discoteca Colectiv, a pesar de ser un lugar reconocido en Bucarest, funcionaba sin tener habilitadas salidas de emergencia.

Sin embargo, son los seis minutos anteriores a esas escenas los que marcarán el ritmo del documental. El eje no es lo que ocurrió en la discoteca, sino lo que pasó en los hospitales donde fueron derivadas las víctimas. Dos padres que perdieron seres queridos en la tragedia son quienes inician el film preguntándose lo mismo: ¿cómo fue posible que tantas personas murieran después del incidente, aún cuando tenían porcentajes menores del cuerpo quemados (15 % en uno de los casos mencionados)?

Uno de ellos cuenta que el hospital general de Viena accedió, el 4 de noviembre, el incendio fue el 30 de octubre de 2015, a admitir a su hijo como paciente; sin embargo, recién logró trasladarlo el 7 de noviembre, cuando una bacteria ya había infectado todo el cuerpo de su hijo. Cuando le preguntó al hospital de Bucarest por qué tardaron en autorizar el traslado la respuesta que recibió fue que se debió a «un error de comunicación». Treinta y siete personas fallecieron a lo largo de los cuatro meses posteriores a la tragedia. «El sistema de salud del país está roto», denuncia el padre que abre la historia. ¿Hubo muertos por culpa de la (falta) de atención recibida? Tanto el gobierno como los managers de los lanzaron con rapidez su versión de la respuesta a ese interrogante: «teníamos todo lo necesario para tratar a sus hijos y fueron atendidos mejor que si hubieran estado en Alemania», fue la respuesta del ministro de salud de aquel momento.

Si el documental no es una investigación sobre lo ocurrido en la discoteca Colectiv, tampoco es una narración en primera o en tercera persona de la historia de las víctimas tras los sucesos, aunque hay unas breves escenas de una artista cuyo cuerpo sufrió severas consecuencias por las quemaduras. Su estructura puede dividirse en dos partes. Una primera instancia en donde el foco está puesto en un equipo de periodistas del diario «La Gazzeta deportiva», un periódico deportivo que, por motivos que no son profundizados en el film, lleva adelante la investigación. En una de las manifestaciones contra el gobierno, un hombre pide un aplauso para el equipo de periodistas y grita: «la investigación está hecha por un diario deportivo, lo que muestra el estado del periodismo serio del país».

La segunda parte se centra en las peripecias del nuevo ministro de salud, un tecnócrata que es parte del gobierno de transición que llegó al poder luego de que la tragedia se llevara puesto a los dirigentes que habían ganado las elecciones. De todos modos, el film tampoco busca ser una narración del escenario político rumano, más allá de que las miserias políticas son parte inevitable y necesarias para entender el por qué de lo ocurrido.

Durante la primera parte, el director, escritor y editor de Collective, Alexander Nanau, muestra cómo el equipo periodístico avanza en la investigación. Es así como los espectadores descubren, de la mano de la y los periodistas, que la empresa encargada de proveerle a los hospitales el material desinfectante usado para mantener estériles el instrumental quirúrgico y las salas de operación, así como las de terapia, diluía el producto en hasta 10 veces, es decir, desinfectaba diez veces menos de lo que decían las etiquetas. Hexi Pharma, la empresa a cargo de la producción de ese elemento vital, había firmado 796 contratos con varios hospitales del país a lo largo de los últimos nueve años.

Tras ese hallazgo el equipo periodístico intentó sin éxito conseguir el testimonio del ministro de salud antes de publicar la nota. Una vez el escándalo tomó cariz público, el ministro llamó a una conferencia de prensa en la cual afirmó que se había testeado el producto y los resultados indicaban un 95% de efectividad a la hora de matar a las bacterias presentes en el hospital. Sin embargo, las personas a cargo de la investigación develaron que sólo se probó la efectividad en cuatro bacterias y que esos estudios fueron hechos por los mismos hospitales denunciados.

Es allí cuando la connivencia entre negocios y política irrumpe con fuerza en la narración. El ministro de salud había sido antes mánager de uno de los hospitales investigados, por los que había un claro conflicto de interés. Debió renunciar. También se comprobó que las organizaciones de salud pagaron abultados sobre precios por esos desinfectantes diluidos. El dinero llegó a la empresa Hexi Pharma a través de sociedades offshore.

El dueño de Hexi Pharma , llamado Condrea, sufre en misterioso accidente de auto que algunos catalogan de suicidio. Allí se muestra fugazmente otro efecto colateral de la investigación: las presiones y el hostigamiento al que es sometido el equipo de investigación, al punto de ser acusados por colegas de ser los responsables de que Condrea decidiera, presuntamente, quitarse la vida. También les achacan haber instalando una especie de paranoia que llevaba a las personas a no querer atenderse en los hospitales, siendo de esa manera señalados como responsables de posibles muertes por falta de atención médica.

Es en ese escenario que el documental cambia de perspectiva. La narración pasa de estar comandada por el accionar de la investigación periodística a centrarse en las peripecias del nuevo ministro de salud, que llega a su cargo tras la caída de todo el gobierno.

La constante en esta segunda instancia del relato serán las trabas que encontrará el ministro para avanzar en su investigación, obstáculos que en su mayoría provienen de parte de organizaciones estatales que están metidas en el negocio junto a los managers de los hospitales. A esa altura el relato deja algo bien en claro: los hospitales no tenían los recursos necesarios para tratar a pacientes con ese tipo de quemaduras y tampoco tenía las condiciones de higiene mínimas e indispensables, lo que derivó en que muchas personas que llegaron con quemaduras menores murieran a causa de una bacteria intrahospitalaria llamada Pyocyanic.

El nuevo ministro se horroriza junto al espectador a medida que descubre las condiciones de los hospitales y los negocios que hay detrás de ellos, en los cuales el Estado es parte activa. Es esa corrupción la que hizo posible que se desviaran al menos 10 millones de euros destinados por las finanzas públicas al funcionamiento de los centros de salud. El dinero fue a parar a las arcas de unas pocas personas que disfrutaron los beneficios de esos recursos.

Ante un panorama desolador en términos de corrupción sistémica, el nuevo ministro decidió modificar la estructura de nombramiento de mánagers de los hospitales, creando un concurso abierto que permitiera la participación de profesionales extranjeros. Esto despertó la ira de los mánagers en funciones, a quienes el documental muestra como viejos caudillos aferrados a sus cargos, como señores feudales creídos de ostentar privilegios y poder que les son propios por derecho divino y con autoridad para maltratar a los empleados. Otra modificación planteada por el ministro fue el impedimento de que un dirigente político pueda ser manager de hospital.

Al ver sus privilegios amenazados, los manager empezaron a atacar al ministro Vlad Voiculescu. Montados en un discurso nacionalista, lo acusaron de querer facilitar que personas de otros países manejen los fondos destinados a los hospitales por el Estado rumano. A su vez, como Voiculescu había prohibido los trasplantes de órganos en Rumania por considerar que el sistema de salud no estaba en condiciones de hacer frente de forma segura a esas intervenciones, lo culpabilizaron de fomentar que esas operaciones se hiciesen en Viena, donde él vivía junto a su familia. Además, el costo económico de hacer esas operaciones en la capital austríaca era de 30.000 euros más que en Rumania.

Al ataque de los mánagers de hospitales se sumó el del Partido Social Demócrata. Las elecciones se acercaban y necesitaban despegarse de la corrupción que se cobró la vida de las personas que murieron en hospitales por no tener las condiciones de higiene necesarias, lo que motivó incluso una denuncia penal al ministro de salud por no permitir los transplantes. Al no poder crear un discurso que los exonerara de sus evidentes responsabilidades lo que hicieron fue cambiar el foco de la discusión. No se trataba de solucionar los problemas sino que se dejara de hablar de ellos para, en cambio, centrarse en las críticas al ministro.

Tras salir a la luz un video en el cual se ve como un paciente vivo, internado en el hospital central de Bucarest, tenía gusanos en sus heridas producto de no recibir los cuidados correspondientes, Voiculescu se pregunta cómo sería posible cambiar ese sistema a todas luces corrompido tanto en lo económico como en su principio básico de cuidar la vida de las personas. Lo mismo le pregunta a su padre, en una de las escenas que forman parte del epílogo de la historia. El final del film le dejará una contundente respuesta.

La producción, que llega a la plataforma streaming HBO Max, es una pieza de enorme calidad. La investigación que narra es atrapante de principio a fin, a la vez que la magnitud de la misma y el trabajo periodístico es de una escala mayúscula, a la altura de los mejores exponentes del género. Una obra que permite abordajes desde múltiples perspectivas y cuyo final nos invita a una reflexión para la cual es difícil dar una respuesta, pero mucho más difícil es dar una respuesta esperanzadora.

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