Desbarrancada: deseo, poder y miedo en la Argentina más oscura

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Luego de su paso por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se estrena en cines argentinos la película de Guadalupe Yepes.

Ambientada en los años 70, Desbarrancada, de Guadalupe Yepes, se adentra en uno de los territorios más sensibles de nuestra historia: la dictadura militar y las conexiones empresariales que la sostuvieron. En el centro está Gina, interpretada con enorme potencia por Carla Pandolfi, una mujer de clase alta atrapada en un matrimonio con un empresario mayor —Luis Machín, en un registro tan inquietante como grotesco— cuya cercanía con la cúpula militar promete privilegios, pero también peligro.

Gina carga con un deseo de maternidad desesperado, casi febril, que su marido está dispuesto a “resolver” de la peor manera: a través del siniestro circuito de apropiación de bebés. En ese ahogo, la protagonista busca aire en un vínculo clandestino con joven peticero (Francisco Andrade) que trabaja en el establo donde practica salto hípico, con quien mantiene encuentros cargados de erotismo y tensión.

Mientras tanto, la desaparición de una amiga de la infancia la sumerge aún más en ese clima de terror donde la comodidad y la violencia coexisten bajo el mismo techo. Para encontrar a la joven perdida pedirá auxilio al capitán mano derecha de su esposo interpretado por Pepe Monje, pero no será tan fácil como parece, siempre algo a cambio tendrá que poner de si.

Uno de los grandes aciertos del film está en su dirección de arte: Yepes construye un universo visual que parece surgir de una película argentina clásica. Los colores ocres, el vestuario cuidado y la textura de época aportan un tono casi de novela melodramática, que contrasta de manera poderosa con el trasfondo brutal de la dictadura. Esa estética, lejos de suavizar, intensifica el shock emocional: lo bello conviviendo con lo siniestro.

Carla Pandolfi se luce componiendo a Gina, un personaje complejo, contradictorio y humano. Su mirada perdida, su fragilidad latente y esa energía contenida hacen de su actuación uno de los puntos más altos de la película. Pero también como una mujer fuerte que se niega a ser cómplice de las atrocidades que suceden a su alrededor, a pesar de su fervoroso deseo de maternar.

Desbarrancada combina erotismo, tensión política y drama íntimo para hablar de mujeres atrapadas en estructuras de poder que las exceden. Y, en ese cruce incómodo, encuentra su fuerza más dolorosa.

  • Reseña realizada en el marco del Festival Intern
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