Scary Movie 6: el regreso de los reyes de la parodia

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Este jueves se estrena en cines, una nueva entrega de la saga que parodia el cine de terror y la cultura norteamericana.

Hay sagas que marcaron una época y otras que directamente modificaron la forma en que vemos determinadas películas. Scary Movie pertenece a ese segundo grupo. Porque más allá de su humor absurdo, incorrecto y deliberadamente exagerado, los hermanos Wayans lograron algo que muy pocas parodias consiguieron: transformar escenas que alguna vez nos asustaron en recuerdos inevitables de risa. Después de verlas, era imposible volver a las originales sin pensar automáticamente en la parodia.

Tras años alejados de la franquicia, la vuelta de los Wayans se siente como un regreso a casa. Y más todavía cuando regresan Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans y Shawn Wayans, recuperando esa química que convirtió a la saga en un fenómeno generacional. La historia vuelve a girar alrededor de Ghostface y una nueva camada de víctimas, pero la trama, como siempre, es apenas una excusa para el caos.

La película se nutre principalmente de las entregas más recientes de Scream, aunque aprovecha para disparar contra prácticamente todo el terror contemporáneo. Aparecen guiños a La Sustancia, M3GAN, Weapons, Get Out, Sinners, Terrifier, Merlina y muchas otras producciones que dominaron la conversación cultural de los últimos años. Pero también hay una decisión inteligente: Scary Movie entiende que hoy muchas franquicias de terror se han convertido en parodias de sí mismas, por lo que termina parodiando incluso a las propias películas de parodia.

Como toda comedia de este estilo, algunos gags funcionan mejor que otros. Hay chistes que impactan de inmediato y otros que necesitan un poco más de tiempo para decantar. La película juega constantemente con distintos niveles de lectura: referencias meta a la filmografía de los propios Wayans, humor escatológico, incorrección política, burlas a la cultura woke, a los terraplanistas, a las redes sociales, a los medios de comunicación y a la obsesión de Hollywood por reciclar franquicias eternamente. Entre todos los regresos, a gusto personal, vuelve a destacarse uno de los running gags más efectivos de la saga: la eterna homosexualidad no asumida de Ray, que sigue provocando algunas de las situaciones más absurdas y divertidas.

Lo más interesante es que la película tampoco se perdona a sí misma. Se ríe de su propia historia, de sus secuelas, de sus imitadores y de la maquinaria de nostalgia que hoy domina la industria. ¿Es absurda? Sin dudas. ¿Tiene incoherencias? Muchísimas. ¿Es un placer culposo? Probablemente. Pero también conserva algo que pocas comedias actuales poseen: personalidad propia.

Scary Movie 6 busca recuperar el espíritu de una saga que entendió antes que nadie que el terror también necesita reírse de sí mismo. Y en ese terreno, los Wayans siguen demostrando por qué fueron —y siguen siendo— los reyes de la parodia y de la incorrección política.

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