Este jueves se estrena en cines argentinos la nueva película de Steven Spielberg protagonizada por Josh O´Connor y Emily Blunt.
Todo arranca con tres patadas. Dentro de un ring de Lucha Libre, un luchador golpea el rostro de su rival una, dos y tres veces. La escena parece menor, casi anecdótica. Un espectáculo de violencia orquestado y coreografiado que Steven Spielberg utiliza como una declaración de principios. Porque esas tres patadas terminan funcionando como un preanuncio de todo lo que vendrá después. Tres golpes dirigidos a una sociedad cada vez más agresiva, más individualista y menos empática. Tres llamados de atención sobre la necesidad de recuperar la fe en los demás, la confianza en el conocimiento compartido y la capacidad de la humanidad para tomar decisiones colectivas.
Con El Día de la Revelación, Spielberg vuelve a encontrarse con algunas de las obsesiones que atravesaron gran parte de su filmografía. La vida extraterrestre, el misterio de lo desconocido, el encuentro con aquello que desafía nuestra comprensión y, sobre todo, la profunda confianza en el ser humano como motor de cambio. Desde Encuentros Cercanos del Tercer Tipo hasta E.T. El Extraterrestre, pasando por La Guerra de los Mundos e incluso algunos elementos presentes en Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, el director siempre encontró en la idea de lo alienígena una excusa para hablar de nosotros mismos. Y quizás sea justamente Encuentros Cercanos la película con la que más dialoga esta nueva obra.

La historia, concebida a partir de una idea original del propio Spielberg y desarrollada junto a su histórico colaborador David Koepp —con quien ya trabajó en varios de los títulos más importantes de su carrera—, sigue a dos personas aparentemente comunes que terminan enfrentándose a una verdad capaz de alterar el rumbo de la humanidad.
Por un lado está Daniel Kellner, interpretado por Josh O’Connor, un especialista en ciberseguridad que arrastra el peso de haber trabajado durante años para una poderosa corporación tecnológica. Del otro lado aparece Margaret Fairchild, encarnada por Emily Blunt, una popular presentadora meteorológica de Kansas City que comienza a recibir extraños mensajes vinculados a fenómenos inexplicables. Ambos terminan descubriendo que existe información relacionada con tecnología y conocimiento extraterrestre que permanece oculta al resto de la sociedad.
Detrás de ese secreto aparece Noah Scanlon, interpretado por Colin Firth, líder de Wardex / Dexno, una gigantesca corporación privada que ha trabajado en secreto con los gobiernos de turno desarrollando sistemas de vigilancia capaces de observar prácticamente cualquier aspecto de la vida cotidiana y haciendo uso de tecnología alienígena que otorga la capacidad de ocupar mentes ajenas . A su alrededor orbitan otros personajes fundamentales, como Hugo Wakefield, el personaje de Colman Domingo, cuya posición dentro de la trama resulta clave para entender las tensiones que atraviesan la historia.
Pero Spielberg, como tantas veces en su carrera, vuelve a tomar partido. Porque detrás de la ciencia ficción aparece una discusión profundamente política y humana: ¿Quién debe controlar el conocimiento? ¿Quién decide qué información puede conocer la sociedad? ¿Debe permanecer en manos de corporaciones, gobiernos o millonarios? ¿O pertenece a todos?
Bajo la apariencia de una aventura de ciencia ficción, construye una defensa apasionada del humanismo. Spielberg vuelve a confiar en las personas. Vuelve a creer que la verdad debe circular, que el conocimiento debe compartirse y que incluso en tiempos atravesados por la desinformación y la violencia todavía existe algo valioso en la capacidad colectiva de construir un futuro mejor.
Desde lo formal, el director demuestra una vez más por qué sigue siendo uno de los grandes narradores de la historia del cine. A sus más de setenta años conserva intacta una capacidad extraordinaria para filmar el asombro. No necesita abusar de los efectos digitales ni de las grandes secuencias de destrucción. Le alcanza con una mirada, con un movimiento de cámara, con el suspenso generado por aquello que todavía no vemos.
Josh O’Connor, a quien ya pudimos disfrutar en películas como La Chimera y otros trabajos recientes que lo consolidaron como uno de los actores más interesantes de su generación, construye un protagonista vulnerable, inteligente y humano. Emily Blunt vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más versátiles del cine actual, aportando sensibilidad, fuerza y carisma a un personaje que también carga con sus propias heridas.
Pero por encima de cualquier interpretación o despliegue técnico, lo que permanece es la mirada de Spielberg. Esa capacidad única para convertir una historia sobre extraterrestres en una reflexión sobre la fe. No la fe religiosa necesariamente, aunque la película también dialoga con ella, sino la fe en las personas, en la empatía, en la solidaridad y en la posibilidad de seguir creyendo en algo más grande que nosotros mismos.
El Día de la Revelación encuentra a Spielberg regresando al terreno donde mejor se mueve: el de los grandes relatos populares atravesados por preguntas profundas. Ciencia ficción, aventura, misterio, emoción y reflexión conviven dentro de una película que recupera al mejor contador de historias del cine moderno. Y si aquellas tres patadas iniciales eran una advertencia, el mensaje final resulta todavía más claro: en tiempos donde el miedo, la desconfianza y el egoísmo parecen ganar terreno, a sus casi ochenta años, Spielberg sigue apostando por algo cada vez más revolucionario: creer en la humanidad.