El Año Que Vivimos Sin Cines.

Cines cerrados, festivales on line y una práctica colectiva que se vio cancelada por la pandemia, donde las principales ganadoras fueron las plataformas streaming.

Retrato de una Mujer en Llamas, la última película que pude ver en pantalla gigante.

¿Quién iba a decir que ese lunes 9 de marzo de 2020 sería la última vez que iba a pisar un cine? Lo recuerdo como si fuera hoy, el pre-estreno de Retrato de una mujer en llamas de Celine Sciamma en Les Avant Premieres, el Festival de Cine Francés. ¿El lugar? Cinemark de Palermo, ¿La hora? 20:30, con lo cual, calculando las dos horas que duró la película y el tiempo de demora en salir de la sala: el 9 de marzo de 2020 a las 22:45 fue la última vez que fui al cine, o sea, 281 días sin pisar una sala; 6744 horas; 404640 minutos. Ese fue el preciso instante en el que pisé un cine por última vez y espero que pronto esa fecha quede en el olvido. Uno no se imaginaba en ese momento lo que sucedería, pero estoy seguro que de haberlo sabido hubiese valorado más ese momento.

Luego pasaron festivales cancelados, otros on line y mucho streaming, pero nada comparado con la experiencia colectiva de ir al cine, aislarte totalmente de todo, disfrutando del potente sonido, de una pantalla gigante y contagiarse de la emoción de quienes te acompañan en la función (sea risa, llanto o sorpresa). Encima, la cancelación de los estrenos más esperados hizo que el año no sea de la mejor calidad, aunque tampoco fue un año para despreciar pero en comparación al 2019, quedó muy atrás.

En cuanto al ámbito nacional, los estrenos de los jueves en Cine Ar TV y en la plataforma Cine Ar Play le ha dado mayor difusión y la posibilidad de un acceso más fácil al público. Pero, para quienes estamos acostumbrados a ver las películas argentinas en pantalla grande no fue lo mismo. Nos faltaron las charlas en las previas y en el post función, el intercambio de opiniones, las recomendaciones, el contacto social con el colega, todo ese bagaje de situaciones relacionadas con la simple ida a una función de cine o función de prensa que teníamos incorporado a nuestra rutina, pero que hoy no está y se extraña mucho.

Fue difícil este año para los cinéfilos, pero más para quienes cubrimos eventos cinematográficos. Al comenzar el año ya teníamos nuestra agenda armada para todos los meses, en la misma estaban estrenos importantes, festivales programados y algunos que van surgiendo en el transcurso del año. Primero se suspendió el BAFICI, lo mismo pasó con el Festival de Cosquín; otros se hicieron online y, aunque se disfrutó igual, no fue lo mismo. De los festivales el de Mar del Plata siempre es el más esperado. La playa, la rambla, el Auditorium y la gran oferta cinéfila hace que la ciudad Feliz se transforme en el paraíso del los amantes del séptimo arte. Es tan lindo lo que se genera que cuando termina, ya estamos organizándonos para el del año que viene. La pandemia y el aislamiento social preventivo y obligatorio obligó a cambiar la dinámica a la que estábamos acostumbrados y que tanto disfrutamos. La modalidad presencial le cedió su lugar al online y nuestro planes de concurrir a La Feliz a disfrutar del mejor cine se vieron frustradas.

Tratamos de suplir la ausencia de charlas cinéfilas en el Auditorium, en el Shopping Los Gallegos o por las calles marplatenses, por vivos de Instagram, pero no fue lo mismo; debatimos por grupos de whasapp, pero no fue lo mismo; le metimos la mejor onda y miramos todas las películas pero no fue lo mismo. Encima, algunos ni respetamos el horario de la célebre Hora Cero (vi todas las películas a la mañana), sin las charlas de previas de Pablo Conde. Todo el evento es una fiesta y en casa, frente a un televisor, no fue lo mismo.

Admito que todas las películas que vi este año lo hice pensando en como sería verlas en la pantalla gigante, por eso el disfrute no fue total.Quizás me vuelva redundante pero extraño mucho ir al cine. El olor a pochoclo (aunque no coma), el sonido envolvente, las sensaciónes que se genera cuando las luces se apagan, chistarle a algún ruidoso para que se calle, tener la posibilidad de ver grandes superproducciones hechas para cine, como Tenet de Nolan, y llevarte una desilusión. Aclaro que esto no es un pedido de apertura de salas, es una catarsis de fin de año que necesitaba hacer con la esperanza de que todo esto esto pase y que el año que viene todos los cinéfilos volvamos a encontrarnos de nuevo en alguna sala de cine o en algún festival.

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