La Madre del Blues de George C. Wolfe. Crítica.

Basada en una célebre obra de August Wilson, se estrenó en Netflix la película sobre la cantante de blues Ma Rainey.

Viola Davis se vuelve a poner el traje de candidata al Óscar con su interpretación de Ma Rainey.

Gertrude Malissa Nix Pridgett Rainey, más conocida como Ma Rainey, fue pionera en las lides bluseras, tanto en los actos en vivo como en la industria de la música envasada, tal es así que se la llamó La Madre del Blues. George C.Wolffe nos lleva a un día en la vida de ella y su banda de blues. El film transcurre exclusivamente en un único lugar, durante una única jornada de grabación. Antes, durante y después del registro de una serie de canciones en un estudio de grabación de la ciudad de Chicago.

A esta altura me animo decir que debemos agradecer ser contemporáneo a Viola Davis. Puede sonar exagerado, pero la actriz norteamericana nos sigue regalando memorables actuaciones. Esta vez saliendo de un personaje bastante diferente a lo que hemos visto de ella, especialmente de la esposa franca y abnegada cuya silenciosa indignación estalla en Fences de 2016, actuación que le valió un Oscar. La Ma Rainey compuesto por lo actriz es descomunal, vestida con exuberantes joyas y coloridos terciopelos, Viola Davis logra que el personaje adquiera un poder apabullante.

A Ma le toma casi 20 minutos de tiempo de pantalla llegar a la sesión de grabación donde tiene lugar gran parte de Black Bottom. Antes de eso, conocemos a su banda, que incluye a Toledo ( Glynn Turman ), Slow Drag (Michael Potts) y el líder de la banda religiosa Cutler (Colman Domingo), antes de que la cámara finalmente encuentre a Levee (Chadwick Boseman), orgulloso por haber comprado ostentosos zapatos amarillos. Las bromas entre estos cuatro hombres desde el principio establecen una dinámica encantadora entre tres sabios jefes y su advenedizo más joven y engreído. La llegada de Ma con aires de diva hará que la tensión entre los músicos aumente,principalmente con Leeve, que sueña con tener su propia carrera. 

Pero más allá de Viola Davis está Boseman. Su extravagante Levee brilla por sí solo en un personaje de una energía impactante. Que llega a un punto crítico en dos ardientes monólogos en los que se enfurece con Dios, una vista rara para un hombre negro en la pantalla, lo que lo hace aún más visceral. Boseman nos llena de emoción, en la mejor actuación de una carrera que terminó demasiado pronto a principios de este año.

La Madre del Blues está pegada a su concepción teatral pero se desenvuelve muy bien desde el plano cinematográfico, gracias a sus brillantes imágenes, el diseño de producción, el vestuario y su acento jazzístico. Las actuaciones de grueso calibre de Boseman y Davis potencian el producto, haciendo que el film no solo sea solo una invitación para los amantes de la música, sino también una profunda reflexión sobre la despiadada traición del Sueño Americano compartida por la mayoría de los personajes (incluso por Ma, a pesar de su éxito) y los problemas raciales de principios del siglo XX que aún persisten en la sociedad norteamericana.

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